Hoy es 4 del mes doce y se acerca un cinco imborrable de dolor.
No sé si desde el 8 de octubre, fecha de su nacimiento, él haya vuelto aquí a recordarme sus manos herrumbrosas, su tez nacarada del color de la miel. Tal vez mañana sienta de nuevo su voz arrancándome lágrimas de palabras, tal vez me persiga con su aliento de humo y su piel de cigarrillo, tal vez solo pida una taza de café y me devuelva a éste rueda de recuerdos, a ésta llaga abierta en las palabras "Lo Extraño", "Me dueles", "quiero estar contigo, padre". Y es que quiero estar con él de nuevo para hablar de las puestas de sol y arrancarle a la vida el olor de los sueños inconclusos.
domingo, 4 de diciembre de 2005
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