Los dueños del silencio Se asoman a la noche Con su mueca oscura de Algodón y vino.
La fina hoja de la herida Coagula el mapa de los desposeídos Un arrullo de sal Hace estación justo en La curva rosada de los Cabellos infantiles.
Un dolor atraviesa El cielo de los adjetivos La poesía espera En su rincón de talco Y los vivos duermen Mientras la espina se hunde Y los vivos rezan Entre algodón y vino.
martes, 2 de mayo de 2006
A partir de éste momento he decidido odiar el ruido de las sábanas, en las mañanas de lluvia y en las noches de brujería. Renuncio a la antigua manía de ofrecerle mi destino a los dioses obsoletos de la impotencia, el temor y la cristiandad. Decido remover el cemento bajo mis suelas, extender una canción que hable de flores desde el papel, el blanco y negro, como cuando se firma un cheque en blanco al portador, sin derecho a la mesura. Ser dios en tiempo de sangre, y oscurecer el día con una mano frente al sol.
Los dueños del silencio Se asoman a la noche Con su mueca oscura de Algodón y vino.
La fina hoja de la herida Coagula el mapa de los desposeídos Un arrullo de sal Hace estación justo en La curva rosada de los Cabellos infantiles.
Un dolor atraviesa El cielo de los adjetivos La poesía espera En su rincón de talco Y los vivos duermen Mientras la espina se hunde Y los vivos rezan Entre algodón y vino.
miércoles, 18 de enero de 2006
El pájaro del insomnio ha picoteado nuevamente la ventana de mis ojos Migas del día que termina alimentan su ansia de carpintero Le muestro mi carne para que se alimente de mis gusanos escondidos Se amaña Se queda Duerme con sus ojos abiertos Yo aún vigilo su sueño y su hambre.