
Supo que era la dirección equivocada cuando limpiando afuera su machete pudo ver sobre la puerta un ocho en lugar de un tres.

No he vuelto a escribir hace más de ocho días. Las ganas se han desperdigado y no las encuentro por ningún rincón del apartamento. He tratado de masturbarme para despejar un poco la mente pero solo logro agrandar la malparidez y aumentar el desinterés por todo lo que tenga que ver con las letras. Recojo los libros tirados en el suelo: Cuentos completos de Cortázar, ¿Qué corazón? De Mario Rivero y una que otra revista de educación. Intento leer algo de Julito pero el libro se resbala de mis manos con apenas dos líneas. No tengo Internet y me aburro increíblemente. Tomo el bolígrafo e intengo garabatear para calmar la ansiedad. Escribo RISA, SEXO, ALMA, PUTA MADRE, AYER, ALCOHOL y nuevamente SEXO. Arranco la hoja y la tiro al cesto. Me recojo en el sofacama e intento con otro texto de Mario Rivero, cierro los ojos al leer los tres primeros versos de DESPUÉS… Y tú, llevando aquella muerte contigo. Imagino la muerte blanca como en la canción de Robi Draco, imagino sus blancos muslos, sus senos erectos a través de su velo níveo, su tez pálida y su voz nacarada invitando al encuentro entre sus piernas; imagino morir penetrando el sexo de la blanca dama, un encuentro delicioso con el más allá, una deliciosa despedida follando con la huesuda que espero nunca termine.



Comenzaré por decir que fue un miércoles, tipo ocho de la mañana, la resaca comenzaba, me esculcaba empeloto como buscando rastros de borrachera por algún lugar secreto del pellejo cuando de repente un piquetico tan chiquitico a la altura de la tetilla izquierda que sino hubiese sido por la hijuemadre rasquiña no habría caído en cuenta.
Mientras me servía el huevo el pan y el café se me vino la valiente idea de pensar en dios, jehová o yahvé como el hijo mentiroso de la historia humana por ser el gran producto de su propio dios: el hombre. Bueno, pensarán algunos, no será dios el gran mentiroso, será entonces su inventor, pero no, ya que el espíritu santo iluminándome a la hora del huevo el pan y el café me lo ha contado todo con pelos en las señales y señales en el pelo, tendré que denunciar ante los entes competentes el abuso de tanta coma punto seguido y aparte en ese primer capítulo, de la cacareada santa biblia, llamado génesis. La madre de toda la creación, de los seres que nos rodean, asfixian, atraen, condenan y hasta enamoran es la delicada mentira, sí señores, escuchen bien, la mentira es el arte del cual dios se ha servido para hacer de su propia creación el mundo que nos contiene. Dios ha posado de ser el mayor mentiroso del mundo, ya que la verdad no requiere imaginación, la verdad es parca, lineal, aburridamente monógama, es un solo nivel en la escala del pensamiento creativo, si dios es el gran creador se convierte así en el gran mentiroso. La mentira adquiere alto valor cuando pasa soterradamente como verdad ante tanto auditorio abarrotado ya sea de expertos o de ciegos creyentes. Un mentiroso vale más que un predicador de la verdad, el mentiroso desarrolla altas capacidades mentales pues es necesario crear nuevas sinapsis entre neuronas con el fin de tejer astutamente cada hilo, cada rama fibrosa sobre la cual atrapar la imbécil ingenuidad humana. Todo escritor, poeta, cantante o artista de alto vuelo es un mentiroso nato, un ser de otra dimensión con capacidad de embaucar, su poder de vuelo radica en las bien tejidas maniobras de engaño, en esa ausencia bien calculada de cabos sueltos, un maestro por encima de los demás que se vale de hacer cumplir los engaños proféticos de epígonos fácilmente manipulables. Dios no creó el mundo en siete días, días manipuló al mundo en esos siete días, se hizo pasar como el principal arquitecto del universo y es allí donde radica toda su fuerza y su principal admiración artística. Bueno, pero si dios es producto de otro mentiroso entonces ese otro mentiroso estará por encima de él dejándolo en un segundo lugar con lo cual podemos concluir que dios sí existe y para dicha nuestra está en plano inferior al humano pues el hombre es el verdadero dios de éste universo incalculables, sí, es el hombre el verdadero gran creador por ser el verdadero gran mentiroso capaz de crear ese otro mentiroso llamado dios, Jehová, yahvé o como queramos. Adorémonos queridos congéneres somos la raza por excelencia sobre la piel negra de éste cúmulo de galaxias llamado universo, adorémonos y brindemos hasta la ebriedad mientras voy vomito al baño el café, el pan y el huevo.
Cuando las cosas se ponen pesadas lo mejor es recluirse en casa de Felipe. Hoy han llegado más. Algunos vienen armados con navajas otros con fierritos más finos. Mientras tomamos un tinto repasamos la estrategia. Jorge se acerca y me brinda dos pepas raras que me jalo de un solo envío… uffff… se siente y se ve mejor el puto mundo. Alguien comenta de las bajas y crece el rumor de haber perdido más de cuatro. Todos lamentamos la violencia pero gracias a ella podemos vivir, cosas paradójicas pero al fin útiles. Cruzo la puerta que da al comedor y Felipe se acerca, me alcanza con su aliento de humo para decirme tres o cuatro frases poco entendibles, el quemará ha despertado además de los nervios el hambre y la sed y en Felipe las ganas de fumar y fumar. Abro la nevera y sirvo dos vasos de agua helada, le acerco uno a Felipe quien me sigue con su rosario de palabras inteligibles, habla del quemará y me asustan sus ideas. El aire se torna pesado, Jorge acaricia su navaja poniendo su mirada más allá del suelo, veo su rostro sudoroso y los últimos se acercan para hablar con él. No es el mismo de las otras veces, lo sé por su forma de mover las manos mientras las palabras le van saliendo, cuando habla del quemará los ojos se le enconan y las manos no siguen el ritmo de sus pulmones, lo que demuestra una inseguridad antes no vista. Creo que Felipe se ha dado cuenta y me da una palmada en el hombro como queriéndome decir ten calma culicagado. No sé que es más peligroso si la certeza de la muerte o la incertidumbre de sus métodos inesperados. Miro la hora, es la una de la madrugada y el abejorro de voces provenientes de la sala me ponen más nervioso. Muchos comentan que el quemará tendrá una dosis más alta de violencia, que las bajas serán de parte y parte y que su número irá en aumento. Hablo de Mariana conmigo mismo, recorro sus rincones en mi mente y escojo el perfume de su pelo como refugio ante el chubasco de adrenalina que ya empieza a caer torrencialmente sobre todos.
Una voz de hojas en
Confieso que nunca me hubiese gustado convertirme en uno de los tantos personajes con los cuales Carlos Augusto sabe darle respiro y energía a sus cuentos y novelas. Aunque reconozco en él la misma atracción con la cual Cortázar avasallaba al desprevenido lector entre sus huecos de agua que no eran más que un juego fantástico donde el tiempo es transmutado en espacio y el espacio en tiempo, me uniría al clamor popular de las mujeres-personajes-inteligentes que sueñan con un mundo libre de Medinas Reyes, Henries Milleres, Bukowskies y Pereiras.
Muerdo las negras uvas
Mi lengua
Me senté a esperar que la mujer llegara. Resbalé un trago largo de aguardiente mientras los vallenatos me volvían estúpido e insensible. El dueño del bar me dice con señas que no demora, lo cual aumenta mi malestar y deseo darle en la geta apenas asome las narices. No hay día que las mujeres maltraten mi gusto por la vida, el mundo sería más cómodo si ellas se limitaran a lo que uno las manda, nada más.
A Luis de Azul le encantaba observar el cielo estrellado mientras se masturbaba y pensaba en ella, la misma mujer que desde los trece no le dejaba un instante libre para ocuparse de las cosas normales, propias de un joven a su edad.
Si bien es la obra más reciente del escritor colombiano Santiago Gamboa, es la que menos me ha impactado. Luego de haber leído Páginas de Vuelta -su ópera prima- Los Impostores y El Síndrome de Ulises -la cual considero, de todas las que me he bebido, la mejor- Hotel Pekín es como esa modorra intelectual con la cual muchos escritores se toman un año sabátido.
Aquella noche nos colamos en un bar de rock llamado Carpe Diem. El dueño, de nombre literario Victor Hugo, nos atendió de modo diligente. Llegó la hora de la poesía y la cerveza acompañó el ritual de la palabra, el licor no paraba de manar, el dinero no era problema. Sugerimos apagar la luz y hacernos acompañar de unas cuantas velas. El rock se fue al suspenso y la magia de los versos y el licor comenzaron a hacer efecto. Los pocos clientes se acercaron a la mesa con más curiosidad que gusto, algunos no aceptaban la intempestiva interrupción de "Smells Like Teen Spirit". Avanzó la noche y se hizo necesario partir. Empezamos a deambular por las calles como queriendo emular a los vates malditos de finales del siglo XIX.
Hoy domingo. Un día tan insoportable como cualquier festivo que seguido acompaña una noche de bohemia de tragos y de excesos. Salgo a caminar sin destino, simplemente ahuyentado por tanto desprecio hacia los demás, y no sé si también hacia mí mismo. Decido hacerme acompañar de mi navaja.Fuente: Fotos de Facebook Carlos Mantilla y Odilio Blanco fueron compañeros de colegio y, para nuestro dolor e infortunio, víctimas mortales...