A partir de éste momento
he decidido odiar el ruido
de las sábanas, en las mañanas
de lluvia y en las noches de
brujería.
Renuncio a la antigua manía
de ofrecerle mi destino
a los dioses obsoletos
de la impotencia, el temor
y la cristiandad.
Decido remover el cemento bajo
mis suelas,
extender una canción que hable
de flores desde el papel, el blanco
y negro, como cuando se firma
un cheque en blanco al portador,
sin derecho a la mesura.
Ser dios en tiempo de sangre,
y oscurecer el día con una mano
frente al sol.
martes, 2 de mayo de 2006
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