consigue instalarse
más allá de mis huesos.
Arrastro bajo suelas
dos mundos con un
pasado de sangre.
Las viejas señoras
del aseo golpean
sus escobas
buscando los duros panes
bajo las camas
Soñando con un
bocado de agua para calmar
sus afugias.
Un centinela vigila
los secretos de la noche
bajo su falda de hielo.
Es el dueño absoluto
da las llaves que abren
las puertas del sueño.
Y mientras las gaviotas
son tragadas por el mar negro
un monstruo se levanta al
otro lado del muro
Vomita sus entrañas
al compás de roncas castañuelas,
de rasgadas partituras.
Es otro el cuerpo que sostiene
mis viejas prendas
Es otra el alma que va
remando en contravía.