martes, 14 de septiembre de 2010

Espiragos

Foto mía en Berlín
Antes que me tocara había ideado otro plan para asesinarla. Me senté en la cama y esperé que terminara de arreglarse las uñas. Llevaba puesta una bata transparente. Un abanicado movimiento de piernas deja entre ver una asqueante maraña de pelos. El exagerado cuidado por sus pies me hace pensar que prefiere alimentarse y saludar con ellos. Nota mi impaciencia. Me mira cautelosa y cerrando su bata contiene la respiración. Busco con desespero el control de la televisión; puedo ver que está del otro lado, sobre su mesa de noche. Abandono la idea y me recuesto. Resguardo mis ojos con lo primero que encuentro. Siento su mirada atravesar la almohada. Le digo tómese el tiempo que le de la gana buscando mantenerla fuera de guardia. Su agitada respiración comienza a ganar terreno y preparo el golpe calculando a ciegas la distancia. Sus cabellos descuelgan como lianas sobre la almohada que me protege y luego de un quejido lastimero siento mi cuerpo hundirse bajo el suyo. Pienso: ésta vez no ha sido tan rápida. Nuevamente me ha ganado. Reviso nuevas estrategias mientras otros recogen los cuerpos.


Reims, 14.09.2010

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