Un perro acaricia mis pulgas con sus llagas
Una dama escupe su aroma de mujer barata
El reloj camina de espaldas a mi ventana
El cielo arruga su frente cuando asomo al espejo
Es tarde como ayer y temprano como siempre
No tardarán en pasar los ladrones de mi cuerpo.
jueves, 28 de julio de 2005
Moirías Tánciles
sábado, 16 de julio de 2005
Día en lluvia
Se esperan lluvias de un mes
Que es mejor no recordar
Pero el polvo se hace memoria
Mientras los rostros se descubren.
“Vuelve a tu mesa y cena tu hambre”
Se oye un decir entre las piedras
Pero la lluvia no cae
Asciende y toma venganza
De un cielo habitado en mil ojos.
Hasta ayer me descubrí en la tarde
Intentando adivinar la noche del otoño
Hasta ayer me descubrí en la noche
Intentando esperar el enero de un diciembre.
Se esperan lluvias de un mes
Carcomido en la semilla de sus días
El cielo destiende su cama
Y afuera no para de llover el sol.
Que es mejor no recordar
Pero el polvo se hace memoria
Mientras los rostros se descubren.
“Vuelve a tu mesa y cena tu hambre”
Se oye un decir entre las piedras
Pero la lluvia no cae
Asciende y toma venganza
De un cielo habitado en mil ojos.
Hasta ayer me descubrí en la tarde
Intentando adivinar la noche del otoño
Hasta ayer me descubrí en la noche
Intentando esperar el enero de un diciembre.
Se esperan lluvias de un mes
Carcomido en la semilla de sus días
El cielo destiende su cama
Y afuera no para de llover el sol.
sábado, 9 de julio de 2005
Estación sin tiempo
Ésta es la estación sin tiempo
Donde frecuente
La tarde llega con su equipaje
De niebla
Aquí todo se detiene
Entre los péndulos rojos
Que forman los suspiros del tiempo.
El viento con su larga cabellera
Se sienta primero en una vieja mecedora
Donde teje con total maestría
Cada silencio de adioses sin regreso.
Pronto se escuchan las voces
De muchos pasos sin huella
Atados al viejo camino
Por donde hace tiempo escaparon los días.
Entre los gritos que en el silencio
Guardan las viejas tablas
Se escucha el lamento
De lo que nunca fue
Y muchos fantasmas esperan su tren
Queriendo regresar sin ningún contratiempo
A su siniestra guarida de recuerdos.
La melena roja del sol
Se extiende cual gigantesco pulpo
Abrazando con sus tentáculos
La telaraña de lo visible.
En silencio la tarde
Sin pudor va desvistiéndose
Dejando sus prendas más íntimas
Sobre las mudas montañas.
El tren ya ha partido
Y la noche desnuda
Ansiosa de placer
Pide de nuevo ser amada
Por ésta estación sin tiempo.
Donde frecuente
La tarde llega con su equipaje
De niebla
Aquí todo se detiene
Entre los péndulos rojos
Que forman los suspiros del tiempo.
El viento con su larga cabellera
Se sienta primero en una vieja mecedora
Donde teje con total maestría
Cada silencio de adioses sin regreso.
Pronto se escuchan las voces
De muchos pasos sin huella
Atados al viejo camino
Por donde hace tiempo escaparon los días.
Entre los gritos que en el silencio
Guardan las viejas tablas
Se escucha el lamento
De lo que nunca fue
Y muchos fantasmas esperan su tren
Queriendo regresar sin ningún contratiempo
A su siniestra guarida de recuerdos.
La melena roja del sol
Se extiende cual gigantesco pulpo
Abrazando con sus tentáculos
La telaraña de lo visible.
En silencio la tarde
Sin pudor va desvistiéndose
Dejando sus prendas más íntimas
Sobre las mudas montañas.
El tren ya ha partido
Y la noche desnuda
Ansiosa de placer
Pide de nuevo ser amada
Por ésta estación sin tiempo.
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