Y como si fuera poco, luego de arrancarla desnuda debajo del hombre y propinarle tremenda paliza, la llevó hasta su casa, la ató de pies y manos, la envolvió en dos sábanas, la roció de gasolina y le prendió candela, pues estaba cansado que la gente del pueblo al verlo venir dijeran en voz baja: "ahí viene el hijo de puta".
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martes, 2 de junio de 2009
Desmadre
Y como si fuera poco, luego de arrancarla desnuda debajo del hombre y propinarle tremenda paliza, la llevó hasta su casa, la ató de pies y manos, la envolvió en dos sábanas, la roció de gasolina y le prendió candela, pues estaba cansado que la gente del pueblo al verlo venir dijeran en voz baja: "ahí viene el hijo de puta".lunes, 23 de febrero de 2009
Entrañable
Me senté a esperar que la mujer llegara. Resbalé un trago largo de aguardiente mientras los vallenatos me volvían estúpido e insensible. El dueño del bar me dice con señas que no demora, lo cual aumenta mi malestar y deseo darle en la geta apenas asome las narices. No hay día que las mujeres maltraten mi gusto por la vida, el mundo sería más cómodo si ellas se limitaran a lo que uno las manda, nada más.Al fin aparece. Levanta su dedo y me invita a subir. Tomo la cajetilla de cigarros de la mesa, voy tras ella con ganas vampirescas; el deseo ha desplazado la ira. Vuelve a sonar Vicente Fernández y siento que nuevamente se despiertan mis ansias de agarrar al puto mundo a patadas.
Un espejo inmenso en el techo, dos afiches grandes de una actriz porno y otro mediano con Brad Pitt semidesnudo. El olor a salitre es insoportable. La cama de cemento y el colchón de algodón. Veo que las sábanas han sido cambiadas recientemente, me siento satisfecho aunque un poco incómodo. Empiezo a desnudarme mientras ella sigue en el baño. El ventilador mitiga el calor pero su ruido es insoportable. Descubro un roto en mis calzoncillos y una marca penosa. Enciendo la radio y sintonizo algo decente. Alguien llama a la puerta, ella ha pedido servicio a la habitación: seis latas de cervezas bien heladas; destapo la mía y me atraganto con un sorbo profundo.
Ella aún no sale y ya voy por la quinta lata, prefiero acabarme la última antes de tocarle a la puerta. Creo que ella aún no está lista, al menos eso me indica el abrir y cerrar del lavamanos. Malditas viejas, así son siempre, cuando más pronto se las necesita se hacen las pendejas. Héctor Lavoe se escucha magnífico, subo todo el volúmen, me importa un culo la demás gente, cojo el teléfono y marco 09, pido más cerveza.
Me despierto y miro el reloj. El sol con sus hilos de polvo le teje a la habitación un ambiente lastimero. Son las ocho de la mañana y siento martillar desde el sótano de mi cráneo, le salen dientes afilados al último residuo de cerveza en mi vientre, el dolor es intenso y el vómito acelera el espasmo. No soporto más y un líquido viscoso asoma por mi boca, exploto en un mar verde que pela la garganta y me dobla hasta el suelo. Empiezan a salir pelos, pedazos de carne; voy hasta el baño y el vómito no para, una oreja se descuelga de mi baba viscosa, la punta de un dedo gordo se atora entre los dientes, escupo, es el dedo anular de ella, casi me atoro con su anillo de fantasía; luego, su pie derecho por poco me asfixia; una a una cada parte de su cuerpo va saliendo de mis entrañas. Es ella a pedacitos, lo peor, tengo que recogerla para no molestar al dueño del bar.
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