martes, 5 de mayo de 2009

domingo, 3 de mayo de 2009

Juegos

El viento ha reanudado su tejido en la ventana
Cómo se siente el sabor de los astros hirviendo
Mientras devuelvo una página entera
Que parece un hasta-nunca junto a la puerta

Sentir el cauce de las horas
Como tumulto de hojas cayendo
en plena primavera...

Gritando en el idioma de las sombras
la mentira que libre del cielo a mil demonios que poseo
No esperaba una noche de tragedia
Pero sí el embrujo de una herida en mi pecho
La rosa negra tatuada entre piel y alma
Como sello de venta en fábricas de infierno

Inconsciente de alcohol bebo a tientas
cada línea que desangro

Y desando la leyenda de estar vivo
pero desmiento el juego de los dados
que ha comenzado con otra copa más
sobre la mesa.

sábado, 2 de mayo de 2009

Blancas cosas

No he vuelto a escribir hace más de ocho días. Las ganas se han desperdigado y no las encuentro por ningún rincón del apartamento. He tratado de masturbarme para despejar un poco la mente pero solo logro agrandar la malparidez y aumentar el desinterés por todo lo que tenga que ver con las letras. Recojo los libros tirados en el suelo: Cuentos completos de Cortázar, ¿Qué corazón? De Mario Rivero y una que otra revista de educación. Intento leer algo de Julito pero el libro se resbala de mis manos con apenas dos líneas. No tengo Internet y me aburro increíblemente. Tomo el bolígrafo e intengo garabatear para calmar la ansiedad. Escribo RISA, SEXO, ALMA, PUTA MADRE, AYER, ALCOHOL y nuevamente SEXO. Arranco la hoja y la tiro al cesto. Me recojo en el sofacama e intento con otro texto de Mario Rivero, cierro los ojos al leer los tres primeros versos de DESPUÉS… Y tú, llevando aquella muerte contigo. Imagino la muerte blanca como en la canción de Robi Draco, imagino sus blancos muslos, sus senos erectos a través de su velo níveo, su tez pálida y su voz nacarada invitando al encuentro entre sus piernas; imagino morir penetrando el sexo de la blanca dama, un encuentro delicioso con el más allá, una deliciosa despedida follando con la huesuda que espero nunca termine.

domingo, 12 de abril de 2009

A Mario Rivero

Corría el año 1999, al mismo tiempo que expiraba un siglo, los aceleres de la literatura envestían una y otra vez despellejándome la lengua, la punta de los dedos y desgastando entre versos rimados, libres y sencillos una que otra noche junto a insaciables vasos de cerveza. Junto a compañeros de universidad preferimos perdernos entre un mundo insaciable de letras y letras a empequeñecernos entre libros de cálculo, ingeniería y demás intríngulis académicos. Noches de perversa bohemia, recorridos profundos entre alcohol y poesía, bajos instintos arrebolados de prosa surrealista y cuentística cortazariana. Eran los tiempos de Baudelaire, la encarnación del vate maldito hacía nido en nuestros afanes espirituales, recalábamos en el Infierno con Rimbaud mientras despellejábamos jovencitas a punta de cigarrillo, alguna vez con cocaína y más de una vez sin condón. Maldije mil veces no haber conocido a mis tempraneros 16 a esa maligna cofradía de vagabundos franceses, sin embargo consideré por mucho tiempo como libro de cabecera al fatídico Julio Flórez quien de fatídico solo tuvo el escribirle a la muerte, al suicidio y al deicidio, para finalmente morir de viejo, todo en medio de sus alejandrinos, endecasílabos e ingeniosos octasílabos. 

Cuanto más bullía literatura entre cerveza, sexo y algo más, fuimos descubriendo el cadencioso imaginario de Juan Manuel Roca con su País de Ciegos, descubrimos un mundo de yeguas color lluvia, el aleteo de los pájaros en el lenguaje de los ciegos y las farmacias de cualquier ángel caído; anduvimos por tejados como ingenuos gatos persiguiendo sexo mortal, pero también aprendimos a cambiarle el destino a los trenes a punta de rosas y poesía. Con Verlaine visité un clásico putiadero de la poco bella Bucaramanga. Libro en bolsa hice pesquisas en el desaparecido Edilka de la 27 con 36, una negra de tronco ancho y piernas fuertes me adentró en sus oscuras aguas sin un peso a cambio, solo versos y más versos y más ron con más cerveza que hielo. Eran las temporadas de las que tanto hablaba Rimbaud en su poesía de adolescente. 

Mario Rivero, así se llamaba el poeta colombiano que me acercó a la poesía urbana, a sentir más de cerca el olor del andén en cada verso, de la lluvia a plena calle, del café solitario y hasta se burló de dios con su Golpe de Dados, revista que dirigió desde los años setenta y que sobrepasó los doscientos números, y digo se burló de dios porque jugó a serlo usando la simbólica referencia del azar para armar un universo poético con múltiples gregarios que a la vez fungieron de creadores infinitos. 

Puede que yo sea sólo un borrachín
Un viejo vago –como dicen-
Bebiendo a solas cerveza amarga
Hasta quedar dormido sobre el vaso
-como el soldado sobre el fusil-.
Pero yo sé que se siente envejecer…
Lo sé exactamente, y por eso,
Van a encontrarme aquí una y otra vez,
En las mediasnoches temblando, sediento,
Engarfiando mis dedos a la colilla, 
Con los ojos clavados en mi cerveza. 
Bajando hasta lo más hondo de mí mismo,
Como un hombre que explora su propio desierto.
-Porque el desierto crece al envejecer…(Mario Rivero)

Su imagen: barba de melancólico gris a medio cerrar, gafas de carey y abdomen de chofer, cabellera también gris de mediana abundancia, ojos casi chinos -vestigios de su guerra por Corea; es ahora el recuerdo que acompañará sus letras porque su voz no volverá por ninguna Casa de Poesía Silva, tampoco se escuchará su ronco verso por festivales de poesía, ni sus dedos volverán a fustigar la blanca hoja como cuando dejaba escapar sus endriagos para hablar de la Greda, los Oasis, el bistec, la cerveza y la tragedias humanas. Volveré a la cerveza, regresaré a la calle, engarfiaré mis olvidadas colillas y lameré la axila de la puta recordando su versos, le diré como él dijo: ¡Maldita la ramera y su mofa!/No soy un toro ardiente /-ningún semental-/Y sé que es desvarío el guardarle/algún odio por ello.

Hoy que ya ha partido, conocerá que no hay dios, hoy que ya ha muerto se volverá inmortal y muchos sabrán hacerle despedidas, sabrán llevarle un verso, tal vez dos hasta su tumba, pero yo igualmente brindaré por sus excesos porque de ellos sabré hacerlos también míos. 

Ningún mortal ha encontrado
Un remedio contra la muerte.
Ella a todos nos quebranta como le place,
Y cuando quiere. (Mario Rivero).

¡Y hoy quiso por él!

lunes, 6 de abril de 2009

Significados

Desde aquella tarde cuando él regresó de fútbol, sin un peso en los bolsillos y aliento a cebolla luego de hamburguesa y litro y medio de coca-cola, ella lo comenzó a odiar. Al día siguiente la extraña actitud de la gente, su repulsión disimulada develó su imperdonable olvido: su boca estaba intacta de higiene. Volvió el domingo y el ritual del fútbol ésta vez frente al televisor. Nuevamente el odio se hizo presente y él en virtual destinatario. No solo fue la ausencia de cepillado en sus dientes, también el olvido de sus calcetines lo que lo puso en la diana del recelo y del murmullo de compañeros. Cuando el torneo de finalización del rentado colombiano llegó a su fin, y Diego, el incondicional de siempre lo puso al tanto de su despido producto de esa última llegada al trabajo: no solo sin peinarse afeitarse y bañarse, sino completamente desnudo, entendió el significado del odio en manos de una mujer no solo engañada, también olvidada. 

sábado, 4 de abril de 2009

Rememorando en despedida

Fuente: Fotos de Facebook Carlos Mantilla y Odilio Blanco fueron compañeros de colegio y, para nuestro dolor e infortunio, víctimas mortales...