
Philippe Claudel, logra que Kristin muestre su potencial actoral, encarnando el desgarramiento solitario de una mujer huidiza, insegura, en ocasiones huraña, que sin pretender acomodar su presente se ve envuelta en una telaraña social difícil de evadir que no solo intenta atraparla sino succionarla al máximo para encontrar en su historia motivos de repudio. Denunciando así la hipócrita intención de reformar, oculta tras una máscara de instituciones que jamás procuran la verdadera resocialización del hombre, todo lo contrario, cuelgan un pasado ignominioso del cual jamás se logra reponer, mucho menos escapar.
A pocos minutos del final se conocen los móviles del crimen y queda planteado otro tema de controversia repudiado por cristianos y católicos: el derecho a morir dignamente.
Un film que gracias a algunos primeros planos junto a la capacidad magistral que tiene Claudel de enseñarnos intrincados rincones de la psicología humana, nos hacen recordar al maestro sueco Ingmar Bergman, y convierten ésta cinta en una obra obligada para los amantes del cine y del buen cine francés. Ganadora del premio BAFTA a la mejor película de habla no inglesa 2008, concedido por la Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de Televisión.