martes, 15 de marzo de 2005

Oda para una tarde que llueve

Ha cesado de llover al otro lado del reflejo
Y los carros desgarran las delgadas
Gotas de lluvia pegadas al asfalto. Suenan.
Hay tambores de plenilunio dispuestos
Al primer intento de renovarse la marcha líquida.
Tras la cortina la telaraña de un rostro frío
Invita al tiempo a destejer su madeja de espera.
Pronto el párpado del sueño invitará al obrero
Para que trance otro mundo junto
A su yunque de bostezos.
El invierno ha comprendido la tarea de los muertos
Y destiende su delantal de alfarero
Que no se lava así mismo en noches de sol
O en días de lluvia lunar
Por conveniencia de los dioses.

Una mano me acompaña a escribir
Del calor bajo las tibias sábanas.
Cae una gota: ¡Suena el silencio!

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