martes, 19 de mayo de 2009

Moridiendo el reloj

Le dijimos a la mañana
que la noche era una hechicera de pueblo
Servimos la endiablada voz del despertador
en una taza de café
La calle eructaba petróleo
Y como salidos del abismo
mil rostros ocuparon el vacío del andén
Comenzamos a morder el reloj
para evitar nos diera alcance
Pero no tuvimos en cuenta que
la hora es como una guitarra
donde los hombres necesitan ser rasgados
para encontrar uno a uno sus silencios

Es tarde lo que se pega a los dedos
cuando se asoma a la ventana
con la intención de darse alcance en un poema

Tal vez estaremos trazando el mapa
de las calaveras sin dueño
sin preguntar quién duerme
cuando se apaguen los días.

2 comentarios:

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Pacho, en ese tono críptico y existencial, para analizar desde lo profundo. Parce, saludos.

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Pacho, en ese tono críptico y existencial, para analizar desde lo profundo. Parce, saludos.