lunes, 7 de febrero de 2005

Mujeres

Mujeres para una tarde sin sol
Mujeres para un juego de estaciones
Mujeres que asoman sus deseos después de morir
Mujeres para hablar de las estrellas oscuras
Mujeres para inventar el mundo de los sueños
Mujeres que entristecen calendarios con sonrisas

Mujeres con manos de aire para perseguir un beso
Mujeres con un pétalo de labio y un adiós en la mejilla
Mujeres perfumadas para pegar las horas a su falda
Mujeres de ojos grandes en las tinieblas del ayer
Mujeres poderosas que descubren mil estrellas en un día
Mujeres para hablar del poema y decir que aún hace falta
Un verso más para decir adiós.

Huelga de Líneas (Capítulo Final)

Es ahí donde al punto le crece un ego inmedible. Sabe que mientras existan puntos habrá líneas y que éstas también están para reemplazarle en su lugar ignominioso. Pues solo le bastó descubrir, a través de un cuento de Cortázar, que todo punto es el resultado de la intercepción de un número infinito de líneas. Así que, en asamblea permanente, las líneas, haciendo un llamado general a todas sus asociadas, un llamado al rescate de La Dignidad Lineal, han decidido evitar tocarse entre sí, de cara al futuro las líneas tienen terminantemente prohibido la posición horizontal u oblicua; todas andarán derechas, rectas, verticales; con el único propósito de evitar indignas intercepciones, so pena de ser expulsadas de la Suprema Hermandad Lineal con su trágica consecuencia de ser convertidas en fideos, o espaguetis, para consumo humano. Con lo cual el mundo ya no es el mismo sin las líneas formando intercepciones. Ahora todo es más difícil, así que hasta que algún punto, de los ya existentes, no decida cambiar de actitud, estaremos condenados al caos porque sin líneas interceptándose y puntos agotándose el mundo es un completo e infeliz signo aparte.

sábado, 5 de febrero de 2005

Retorno de las edades

Se aproxima el temporal
Y los huesos han dejado de escribir
Su color de porcelana en las paredes
Parece que el aire se guardara así mismo
Entre oscuros gemidos de luz
Y una carga de manos en invierno.
Un hombre trae a cuestas
Sus noches ovejunas esperando
En la estación del ayer
Las puertas abiertas del destino
No hay regreso en su intento de salir.
Vuelven los esclavos del cemento
Y se habla de una sangre sin herida
Bajo una línea sin puntos...
En el preciso instante que la lluvia se detiene
Frente a un lunes que aún intenta despertar.

Huelga de Líneas (Capítulo II)

Ésta vez se dejó poner donde siempre sin el menor asomo de enfado. Caído el silencio comenzó a desandar por entre la enramada de palabras. Sigiloso. Persiguiendo algo, algo a punto de descubrir. Tenía que llegar al principio, hasta la carta sobre la mesa.

Aún huele a pólvora. Resbalando sobre la espesa mancha roja alcanza a seguir el rumbo de la línea que saliendo de la mano se enrosca en la culata; junto a la línea remonta la muñeca, alcanzando las planchas de la cubierta del barco después de vadear las sinuosas fronteras del cuerpo todavía caliente. Suda una que otra gotica negra, avanza con cuidado evitando ser pisado por la gente que viene y va. El muelle está congestionado al igual que la aduana, el día es agitado y empieza a llover. La rubia está ansiosa, parece que va tarde a su cita de siempre. El punto trepa agarrado a la línea que ya sube por la media de nylon cristal. Ahora se descuelga por una ventana del autobús mientras mira de reojo el zigzaguear de la línea por entre el tráfico endemoniado de la ciudad. Escapa a un chaparrón de gruesas gotas de agua y se siente perdido en ese pandemonio de ciudad. Un perro pulgoso atraviesa la avenida, vadeando el tráfico, la gente y otros perros. Sobre su lomo se divisa apenas nada, pero respira aliviado aunque las pulgas ya le hacen mala cara. Se impulsa como nunca y cae de bruces al andén, afortunadamente despoblado, dándose tiempo de limpiar con dos pases de manos su frente sudorosa. Desde la esquina alcanza a divisar la aglomeración de líneas apelmazadas en la vereda del frente. Las líneas llegan de todos los lugares y el punto siente un nudo en la panza ganando terreno en la boca. Son miles, por momentos piensa en millones, que se cuelan entre el pasto subiendo por el pararrayos de la casona a mitad de cuadra, trepando el techo, llegando al interior a través de una habitación a oscuras. El punto se desliza bajo la puerta. Ahora entiende que el mundo está invadido de líneas y más líneas; gruesas, delgadas, bruscas y suaves, de infinitas texturas tamaños y colores. Se amedrenta un poco pero el recuerdo de la carta sobre la mesa le devuelve la esperanza. Suspira. Más allá del muro, más allá del cuadro de la mujer en un diván, sabe, encontrará lo que tanto busca. Así que, decide seguir imperturbable el rastro de las líneas hasta llegar al otro lado, hasta encontrar la mesa y sobre la mesa la carta y entrando a la carta, o también, saliendo de ella, un ejército de líneas; sintiéndose nervioso penetra el sobre y es ahí dentro que descubre su inmortal naturaleza. No había punto al final de la carta. En el lugar del consuetudinario punto las líneas entraban (¿o salían?) como por entre un agujero. Unas rectas, otras oblicuas, pero todas entraban por allí (¿o salían?) como si la puntada final hubiera cedido un poquito dejando escapar infinitas hebras de hilo.

miércoles, 2 de febrero de 2005

Martes

Un lago negro se detiene en mi memoria
Atravesando el espejo de una alcoba
No hay rasgo de piedras
En sus metálicas esquinas
Pero el rito se hace esperar
Del ayuno de unas manos
Que en su digerir han perdido el habla.
Ahora soy un hombre que entristece
Sentado sobre los hombros de esa serpiente gris
Abortada de las entrañas de un cigarro
Y mientras muerdo las alas de un martes que...
Se extingue
Sueño con hacer del lunes
La polilla infinita del que espera.
Ahora aquí
Eres el espejo roto
Multiplicando domingos frente al cine
Con un futuro de hojas
Amarrado a unas huellas
Que sin distancia me persiguen.

Huelga de Líneas (Capítulo I)

Las cosas hubiesen sido bien distintas si a las líneas no les hubiera dado por montar toldo aparte, estaban indignadas, y no era para menos pues a quién le hubiera gustado que en un arranque ególatra el punto se permitiera abusar de su confluencia infinita de líneas optando por ignorarlas y mirarlas desde la perspectiva de lo divino, como si con el ojo del triángulo no bastara. Y es que después del desplante ofrecido por el punto, ellas, las líneas, muy llamadas a la belleza por aquello de su figura delgada, se han declarado en asamblea permanente.
Todo empezó por un cuento de Cortázar.
El punto, cansado de siempre ser el último, buscó infinitas maneras de esquivar lugar tan indigno. Pero resultaba que a cada relato terminado no había forma diferente de dar fin que el de utilizar ese minúsculo y redondito remache en tinta negra como última puntada asegurando el hilo a la tela, dando firmeza al tejido. Furioso, se llenó de valor y empezó a buscar la oportunidad adecuada de dar fin a su condena, la cual parecía bíblica. En ésta ocasión se sintió distraído, casi risueño, cuando asomándose cauto por entre las teclas de la máquina pudo dar una leída a vuelo de ave y supo que de la carta tirada sobre una mesa salía una línea y que corría y bajaba por una pata. Se rascó la barriga y estuvo a punto de caer sobre la hoja cuando una idea empezó a hacerle burbujitas el pecho —que también hacía las veces de barriga.

martes, 1 de febrero de 2005

Parábola del que sueña

Nadie sospechaba su juego
De imposibles
Nadie imaginaba su adiós deshabitado
Estaban todos tan distantes en el viento
Que sus cuerpos mojaban con el frío
Se acercó con la luna
Entre su aliento
Midiendo el desatino de las piedras
Fueron máscaras de cielo sin espejos
Pegadas en el toque de los dedos
Todo estaba previsto
Y ni el tiempo, ni el sexo,
Ni las hojas, ni el dolor, ni los muslos,
Ni la sangre, ni el sudor, ni la herida...
Ocuparon la silla destinada
A su juicio en una esquina
De la infancia.

Rememorando en despedida

Fuente: Fotos de Facebook Carlos Mantilla y Odilio Blanco fueron compañeros de colegio y, para nuestro dolor e infortunio, víctimas mortales...