jueves, 30 de junio de 2005

El Teseracto: ¿La Morada de Dios?



“Con alivio, con humillación, con terror, comprendió
que él también era una apariencia, que otro
estaba soñando”.
Las Ruinas Circulares (Ficciones), Jorge Luis Borges



Uno de los muchos enigmas que insistente embiste la atribulada inteligencia del hombre es el de la existencia, para los Cristianos, de un dios trino. “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno” Reza textualmente la cita bíblica (1ª Juan 5:8 versión Reina y Valera, 1960) que sustenta la fe cristiana (la fe de mi respetada y muy recordada abuelita) a interpretación de sus conspicuas autoridades eclesiásticas (interpretación equivocada y mal intencionada para otros). Ahora, como el objetivo inicial de éste texto es el nacimiento, desarrollo y posible buen-fin del mismo, vamos a fungir de de dios inquisidor (que en esencia es lo mismo), imponiéndole al lector la validez de dicha conjetura (conjetura, no teoría, escucho decir al profe de di-simulación digital). Un guiño de fe no es tan dañoso después de todo.

La sola idea de un dios trino es en sí inquietante y aburridoramente incomprensible (dudar de dios es pecado, escucho a mi abuela decir) más aún si mediante un acto valiente de fe lo asumimos, ni qué pensar cuando alguien nos dice que no son tres sino cuatro. Ahí las cosas adquieren el color de los madrazos. Alkaviedes, la trinidad es tetra. La voz sudada y entrecortada del profe Fernando Ruiz (di-simulación), no era para menos ante la poca receptividad de su tediosa clase, acordonada al sueño y al calor que en el punto de las tres de la tarde provoca el eternit y el sol de después del almuerzo. En el terreno de las adivinanzas no me ha ido muy bien mucho menos en el de las paradojas teosóficas. Terminada la clase intenté huir del salón como para esquivar cualquier encuentro que bien pudiera vulnerar el legado atávico de mi bien amada abuelita, evitando así la ignominiosa defenestración de tantos domingos y semanas santas a orillas de la imagen de la Santísima Trinidad camándula en mano, y de hinojos. Alguien me dijo que todo acto de cobardía no es más que una clara expresión del instinto de conservación que caracteriza a toda especie y para la muestra un botón. En fin, en pocos minutos resulté envuelto en una teoría (perdón, conjetura) fascinante y odiosa a la vez.

El mundo que conocemos es tridimensional. Largo, ancho y alto (x, y, z). No se discute. Representable en dos dimensiones (x, y), es decir si queremos dibujar un cubo, que es un objeto tridimensional, necesitamos una hoja de papel la cual es un objeto bidimensional, ya que su espesor es despreciable. Deseamos representar el ancho y el alto (x, y) del cubo y entonces dibujamos la combinación de xy. Ahora, si queremos ver dibujado cuán profundo puede ser entonces combinamos yz. Además, es evidente que podemos ver y palpar dichas combinaciones porque pertenecen o se interceptan con nuestro mundo que es tridimensional. A decir verdad, ya estaba impaciente y Dios no aparecía por ningún lado, al menos para defenderse de lo que el profesor estaba por soltar y sí los minutos atiborraron la copa de la espera cuando saltaron a la arena los Newton, los Santo Tomás y otros más en procura de protagonismo histórico con mi vejiga a punto de reventar y el café llamando pasillo al fondo a la izquierda.

Imagine, Usted es el dios de ese mundo que ha dibujado sobre el papel; dibuja círculos, cuadrados, triángulos, etc. Ve lo que hay dentro de ellos, puede echarles colorcitos si prefiere y trate de imaginar cómo se verían ellos entre sí, es más, ellos no podrían ver el interior de su otro congénere a menos que alguno sufriera un terrible accidente y se le practicara autopsia cortando alguno de sus lados. Esos seres que Usted ha dibujado con tanta paciencia no le verían a menos que decidiera “bajar” a la dimensión de ellos aunque sólo podrían ver una parte Suya, una intercepción de Su dimensión con la de ellos: una línea que al ir apareciendo originalmente sería un punto que bien podría convertirse en círculo, crecer paulatina o fugazmente, depende de Usted, para luego desaparecer, todo porque ellos no conocen la dimensión de la altura. Y así Usted ser su dios, un Ser misterioso que todo lo ve, todo lo sabe, que está en todas partes y que aparece y desaparece de manera inexplicable a Su divino antojo.

Una de las cosas que más me ha llamado la atención es su manera copiosa de sudar. Un pañuelo en sus manos terminaba siendo un puñado de agua detenida. Bueno, y como yo estaba harto de tanta comunión los domingos, tanto paso santo en las procesiones y tanta vieja chuchumeca de doble moral blandiendo carné de adoratriz en cada velorio o novena post-mortem, hice caso omiso a cualquier cosa que pudiera distraerme, hasta me olvidé de su siempre reloj de oro porque era necesario estar atento para entender cómo Dios habita en una cuarta dimensión donde además de largo, ancho y alto también existe el espacio-tiempo (xyzw). Es decir, Dios nos ha representado (creado) a través del mundo tridimensional y ha “bajado” hasta nuestra dimensión, entonces a esa intersección de la cuarta y la tercera dimensión la hemos llamado Jesucristo. Jesucristo es la combinación xyz de esa cuarta dimensión. Pero aún faltan otras combinaciones. Suponga que el Padre de la trinidad es la combinación xyw; el Espíritu Santo a su vez la combinación xwz. Lógico que las anteriores combinaciones son imposibles para nuestros sentidos que solo perciben combinaciones xyz. Y claro, es muy posible que por eso Dios sea omnisciente, omnipresente y más. Aquí me veía yo mismo como dios de ese mundo bidimensional dibujado hace un instante sobre el papel.

Le dije al profesor que por favor esperara un minuto mientras iba al baño y volvía, pero pudo más su pasión por enseñarme el desenlace de sus reflexiones que, pensando en mi abuelita, me persigné silencioso, sin que me viera, apretando las piernas con el disimulo del maletín, decidiendo quedarme hasta llegar al fin de su conjetura, como él orgullosamente la llamaba. En medio de la distracción urinaria me acordé de un cuento de Borges llamado Las Ruinas Circulares y que en sí era otra manera de intentar explicar la existencia humana y la de dios mismo. Todo estaba entendido. Pero hacía falta una combinación: wyz. Yo, más por ignorancia que por afán, respondí: Elohim, recordando algunos pasajes de la Biblia recitados por mi abuelita en días de ayuno. Si no hubiera sido por la urgencia fisiológica que me aquejaba en aquellos momentos podría haber afirmado que sus palabras hicieron tanta mella en mí hasta el punto de ser las culpables de aquel hilo caliente que empezaba a reptar pierna abajo. No, Lucifer, respondió volteando la espalda y alejándose desequilibradamente como quien acaba de dar un sopapo y con el mismo impulso toma retirada.

Y desde ahí es que, sinceramente, no he vuelto más a misa. Es decir, hace como mil años (en términos de xyzw).

2 comentarios:

Juan Daniel dijo...

Esto puedes apreciarlo en la estructura del árbol de la Vida...

abajo Cristo crucificado, expresión de xyz.
arriba la estrella de david, hexágono en el que es posible apreciar la 11va sephira Daath, el conocimiento, ubicada, convenientemente en el centro, expresando un teseracto....

creo que acabo de perder algunos puntos de cordura.

Juan Daniel dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.