
domingo, 27 de febrero de 2005
Vivir para mis putas tristes

sábado, 26 de febrero de 2005
viernes, 25 de febrero de 2005
Visiones
Que a menudo me habita
Merodeando entre las sombras
De la vieja biblioteca
Lleva entre sus dedos:
Temblor de luna en estanques
Voces de antiguos artesanos del silencio
Y heridas de una guerra desatada un día de lluvia.
Aquel fantasma que a menudo me habita
Deambula solitario por las noches
Llevando a cuestas un bostezo de farolas.
Según cuentan
Parece que persigue el ala temblorosa
De una mariposa manchada en vino blanco.
Otros dicen
Que ha olvidado la pluma de un ángel
Enredada entre las piernas truculentas
De alguna odalisca con mirada de aire.
Las ventanas bostezan oscuridad
Cuando comienzo el viaje infinito
Y alguien espera junto a mis libros.
¡Mañana creo volveré a entrar!
miércoles, 23 de febrero de 2005
Desvelo en las ventanas
Respira cerca a mis oídos
Y entiendo los círculos viciosos
Que hacen del reloj una espera en el vacío.
Pronto escucho el sonido
De las uñas creciendo en mis bolsillos
Parece que la vida
Se viviera en una aldea olvidada
Bajo el manto lujoso de un emperador ciego.
Cómo rugen los diminutos monstruos
Que recorren la ciudad
Con aliento de petróleo
Golpeando la niebla inmóvil
De mis ojos en la ventana.
Hoy fue jueves
Mañana espero sea lunes
Para tomar café sin ser visto.
jueves, 17 de febrero de 2005
El Guerrero del Silencio
De la noche
El Guerrero del Silencio
Hace escala en mi memoria
Su frente mordida por el sol
De los egipcios
Sus manos lanceadas por un murmullo
De pálidos ausentes
Dan prueba de la guerra
Que aún persiste como estruendo
De sábanas viejas.
Tan solo la mujer que teje el viento
Sentada sobre el taburete del sueño
Ha podido entender sus heridas.
Los caballos de ayer aún pastan
Sobre su humilde historia
Pero llevan en sus ijares
Una lluvia de palmoteos
Un afán de llegar
Junto a la charca enlunada de sus pupilas
Que aún insisten en beber
Un pedazo de existencia.
lunes, 14 de febrero de 2005
Madame Morièri
Siempre llevaba en sus bolsillos
Un pedazo de oscuridad errante
Aprendió el arte de atrapar olvidos
En un álbum de fotos no vividas.
Le inspiraban las jaulas de luz
Observadas a diario
Cuando los perros mordían la luna
Y las niñas de pelo largo dialogaban
Con sus sombras.
Hasta entonces las rotas aguas de los ríos
Daban fe del bocado de huesos
Oculto bajo sus faldas.
Sola estaba ella
Cuando decidió sin reparo
Compartir sus cacerías con mi almohada
Y el tren que bostezó un Viernes Santo
Pronto viajó sobre el tejado del pueblo.
Hoy recorrí el frío de su centro
Y alcancé a ver entre sus uñas
Un pedazo del alma que según dicen
Puebla y despuebla mi cuerpo en luna llena.
domingo, 13 de febrero de 2005
El Último Habitante de La Nada
Y las voces de los niños
Se escucharon entre el chasquido
De abandonadas canicas en el parque
Lo más importante era estar atento
Al descuido pasajero del ángel de burdel
Quien bajo sus alas de cristal
Llevaba pegado en cinta negra
El nombre del último habitante de La Nada.
Y las voces de los niños
Se escucharon bajo la pestaña abandonada
De un parque visitado por ausencias.
Ahora lo mejor será ir de compras
Olvidar la caída de las hojas en otoño
Y sentir el beso frío del silencio
Que todos los años cobra sueldo
Con la llegada del último habitante de La Nada.
sábado, 12 de febrero de 2005
Jueves o Viernes
Inventa sus sombras junto a la tarde
Y el viernes se adormila cual
Ratón de porcelana.
Me voy dando cuenta cómo la tarde
al igual que todo aquello llamado patria-
está hecho de todo aquello que no tengo.
Persigo un olor de axila
Bajo el pubis de la infanta que inocente...
Se aproxima.
Suena la cafetera bajo los labios ausentes
De aquellos desposeídos en sus bolsillos rotos.
Miren mis pasos sobre el polvo de las charcas
Den cuenta de la página oscura
Pegada en la punta de mis ojos.
La suela de mis zapatos habla de unas huellas
Que se detienen y no avanzan
Porque el camino va persiguiendo
Letras escritas
Sobre una tarde –quizá viernes o jueves-
Que más parece un libro de leyendas.
viernes, 11 de febrero de 2005
Levedad de los Seres
Sin límites
Habitado en la nada
Por caídas de otoño
El beso del frío cerrando
El principio de dos manos enlazadas
Bajo una selva en extinción.
Mirando a través de la vieja cerradura
Llegan los mundos impensables
Del tiempo
Y se congelan en la memoria
Desnudos los instintos como dos aguas.
Tanta soledad oculta y habitada
Alcanza la punta del papel
Y prepara el límite de la niebla.
Levedad de cuerpos mutilados
En la ceniza.
Levedad de pesos cada vez más
Densos en su oscura eternidad.
Y como dos mares congelados
En la punta de una lágrima
Los recuerdos se conservan
Mientras Picasso se desnuda bajo el agua.
miércoles, 9 de febrero de 2005
Las Comarcas del Hambre
Se doblaron las huellas
Sobre el polvo.
Imaginen una cena
De Ave Marías inconclusas
Pero el hambre tiene sus
Discretas ventajas:
Almuerza Padrenuestros sin
Tenedores de plata
Y cena con las sombras
Bostezos de niños sonrientes.
Con ayuda de dos meses
En destierro
El espejo multiplica las miserias
Y en la calle alguien sueña aún
Sobre una almohada de piedra.
Tantas luces en la Comarca del Hambre
Que el polvo recoge sus huellas
Visitando a diario y sin prisa
La mesa que con paciencia le espera.
lunes, 7 de febrero de 2005
Un día de...
Así se vivió la última guerra de la Luna
En los espejos
Huyeron de si mismo los cuerpos
Cuando un hombre cruzó el umbral del viento
Y la hierba aplaudió con tu silencio.
Fueron tejiéndose uno a uno todos los encajes sueltos
Al descuido de un siglo en su carrera de ladrón.
Pienso en la caja de cristal oculta
En el último rincón de tu morada
Y en el diario leído por las polillas del tejado.
A veces la guerra continúa junto a mi cama
De noche
Y los disparos se escuchan tan cerca
Que es imposible oír tu ausencia bajo la
Almohada.
El siglo persiste como ladrón
Entre mis libros
Mientras la luna aún refleja
Tu mirada en los espejos.
Mujeres

Mujeres para un juego de estaciones
Mujeres que asoman sus deseos después de morir
Mujeres para hablar de las estrellas oscuras
Mujeres para inventar el mundo de los sueños
Mujeres que entristecen calendarios con sonrisas
Mujeres con manos de aire para perseguir un beso
Mujeres con un pétalo de labio y un adiós en la mejilla
Mujeres perfumadas para pegar las horas a su falda
Mujeres de ojos grandes en las tinieblas del ayer
Mujeres poderosas que descubren mil estrellas en un día
Mujeres para hablar del poema y decir que aún hace falta
Un verso más para decir adiós.
Huelga de Líneas (Capítulo Final)
sábado, 5 de febrero de 2005
Retorno de las edades
Y los huesos han dejado de escribir
Su color de porcelana en las paredes
Parece que el aire se guardara así mismo
Entre oscuros gemidos de luz
Y una carga de manos en invierno.
Un hombre trae a cuestas
Sus noches ovejunas esperando
En la estación del ayer
Las puertas abiertas del destino
No hay regreso en su intento de salir.
Vuelven los esclavos del cemento
Y se habla de una sangre sin herida
Bajo una línea sin puntos...
En el preciso instante que la lluvia se detiene
Frente a un lunes que aún intenta despertar.
Huelga de Líneas (Capítulo II)
Aún huele a pólvora. Resbalando sobre la espesa mancha roja alcanza a seguir el rumbo de la línea que saliendo de la mano se enrosca en la culata; junto a la línea remonta la muñeca, alcanzando las planchas de la cubierta del barco después de vadear las sinuosas fronteras del cuerpo todavía caliente. Suda una que otra gotica negra, avanza con cuidado evitando ser pisado por la gente que viene y va. El muelle está congestionado al igual que la aduana, el día es agitado y empieza a llover. La rubia está ansiosa, parece que va tarde a su cita de siempre. El punto trepa agarrado a la línea que ya sube por la media de nylon cristal. Ahora se descuelga por una ventana del autobús mientras mira de reojo el zigzaguear de la línea por entre el tráfico endemoniado de la ciudad. Escapa a un chaparrón de gruesas gotas de agua y se siente perdido en ese pandemonio de ciudad. Un perro pulgoso atraviesa la avenida, vadeando el tráfico, la gente y otros perros. Sobre su lomo se divisa apenas nada, pero respira aliviado aunque las pulgas ya le hacen mala cara. Se impulsa como nunca y cae de bruces al andén, afortunadamente despoblado, dándose tiempo de limpiar con dos pases de manos su frente sudorosa. Desde la esquina alcanza a divisar la aglomeración de líneas apelmazadas en la vereda del frente. Las líneas llegan de todos los lugares y el punto siente un nudo en la panza ganando terreno en la boca. Son miles, por momentos piensa en millones, que se cuelan entre el pasto subiendo por el pararrayos de la casona a mitad de cuadra, trepando el techo, llegando al interior a través de una habitación a oscuras. El punto se desliza bajo la puerta. Ahora entiende que el mundo está invadido de líneas y más líneas; gruesas, delgadas, bruscas y suaves, de infinitas texturas tamaños y colores. Se amedrenta un poco pero el recuerdo de la carta sobre la mesa le devuelve la esperanza. Suspira. Más allá del muro, más allá del cuadro de la mujer en un diván, sabe, encontrará lo que tanto busca. Así que, decide seguir imperturbable el rastro de las líneas hasta llegar al otro lado, hasta encontrar la mesa y sobre la mesa la carta y entrando a la carta, o también, saliendo de ella, un ejército de líneas; sintiéndose nervioso penetra el sobre y es ahí dentro que descubre su inmortal naturaleza. No había punto al final de la carta. En el lugar del consuetudinario punto las líneas entraban (¿o salían?) como por entre un agujero. Unas rectas, otras oblicuas, pero todas entraban por allí (¿o salían?) como si la puntada final hubiera cedido un poquito dejando escapar infinitas hebras de hilo.
miércoles, 2 de febrero de 2005
Martes
Atravesando el espejo de una alcoba
No hay rasgo de piedras
En sus metálicas esquinas
Pero el rito se hace esperar
Del ayuno de unas manos
Que en su digerir han perdido el habla.
Ahora soy un hombre que entristece
Sentado sobre los hombros de esa serpiente gris
Abortada de las entrañas de un cigarro
Y mientras muerdo las alas de un martes que...
Se extingue
Sueño con hacer del lunes
La polilla infinita del que espera.
Ahora aquí
Eres el espejo roto
Multiplicando domingos frente al cine
Con un futuro de hojas
Amarrado a unas huellas
Que sin distancia me persiguen.
Huelga de Líneas (Capítulo I)
Todo empezó por un cuento de Cortázar.
El punto, cansado de siempre ser el último, buscó infinitas maneras de esquivar lugar tan indigno. Pero resultaba que a cada relato terminado no había forma diferente de dar fin que el de utilizar ese minúsculo y redondito remache en tinta negra como última puntada asegurando el hilo a la tela, dando firmeza al tejido. Furioso, se llenó de valor y empezó a buscar la oportunidad adecuada de dar fin a su condena, la cual parecía bíblica. En ésta ocasión se sintió distraído, casi risueño, cuando asomándose cauto por entre las teclas de la máquina pudo dar una leída a vuelo de ave y supo que de la carta tirada sobre una mesa salía una línea y que corría y bajaba por una pata. Se rascó la barriga y estuvo a punto de caer sobre la hoja cuando una idea empezó a hacerle burbujitas el pecho —que también hacía las veces de barriga.
martes, 1 de febrero de 2005
Parábola del que sueña
De imposibles
Nadie imaginaba su adiós deshabitado
Estaban todos tan distantes en el viento
Que sus cuerpos mojaban con el frío
Se acercó con la luna
Entre su aliento
Midiendo el desatino de las piedras
Fueron máscaras de cielo sin espejos
Pegadas en el toque de los dedos
Todo estaba previsto
Y ni el tiempo, ni el sexo,
Ni las hojas, ni el dolor, ni los muslos,
Ni la sangre, ni el sudor, ni la herida...
Ocuparon la silla destinada
A su juicio en una esquina
De la infancia.
Rememorando en despedida
Fuente: Fotos de Facebook Carlos Mantilla y Odilio Blanco fueron compañeros de colegio y, para nuestro dolor e infortunio, víctimas mortales...

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Antes de abandonar la ciudad, en busca de la primer ciudad Maya, sabía que las cosas no iban a terminar tal como estaba planeado. Mient...
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“Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñando”. Las Ruinas Circulares...
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La ira dirigida impone nuevo rumbo al dibujo. Una línea roja escapa de la paleta al lienzo. Los diarios infieren asuntos pasionales. Es prof...