miércoles, 21 de enero de 2009

El insomnio picotea

Hace más de una hora que he perdido el sueño. Luego de tanto dar vueltas y vueltas en la cama decido levantarme. La nevera siempre es mi refugio luego de haber espantado el sueño. Un vaso de limonada y una mordida de pan para espantar el ardor en el estómago que ha empezado a tomar partido de éste descontrol biológico que lleva persiguiéndome más de veinticinco años. Las ojeras comienzan a hacerse más oscuras, me asomo con un poco de miedo a esa ventana de reflejos llamada espejo y compruebo lo mismo de cada mañana, de cada noche, de cada tarde: soy una mueca mal afeitada. Con un poco de resignación y con el vaso helado de limonada en las manos me asomo al pequeño patio de ropas a contemplar la luna o al menos a escuchar y a sentir los respiros de la noche. No hay luna, pero hay grillos, pitidos a lo lejos y madrazos en ocaso. Me siento en el suelo frío y tomo dos tragos largos que me saben a limón fermentado. Pronuncio las vocales para romper el silencio que ha empezado a posesionarse de éste espacio respirable pero casi inhabitable llamado existencia. Voy pensando en la mentira del mañana y en la precisa sonrisa fingida con la cual acompañar los buenos días ante el saludo de la gente, de las personas arrogantes y de aquellos y aquellas que no resisto tan siquiera mirar. La mañana vendrá con sus seres horripilantes y sus costumbres disfrazadas, me bañaré, cepillaré mis dientes, ocultaré el mal aliento para ser aceptado, pero algún día me cansaré de tanta hipocrecía, evitaré bañarme, comeré cebolla, andaré sin medias, llevaré sin lavar mis calzoncillos y pantalón, escupiré cada dos pasos e insultaré en lugar de saludar. Seré un nuevo hombre: El Super Hombre Zaratustra.

1 comentario:

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

JUancho, se acuerda del poeta costeño Jattin. Ese man logró el sueño, porque se despojó de tantas capas de maquillaje social, y se quedó sólo con la poesía.