domingo, 11 de enero de 2009

Llueve sobre nuestro amor (Det regnar på vår kärlek , 1946)

Segunda obra fílmica del sueco Ingmar Bergman que narra la historia de dos jóvenes: Maggie (Barbro Kollberg) y David (Birger Malmsten) quienes accidentalmente se conocen en una estación de tren y deciden compartir el resto de sus vidas, sin importar que él haya acabado de salir de la cárcel y ella lleve en su vientre un hijo de padre desconocido, un trance de aceptación poco gratuito donde se deshilvanan algunos hilos dolorosos de frustración o desilusión. Es así como llegan a una pequeña localidad y habitan una parcela que en principio toman como arriendo y luego deciden comprar. Pero el pasado entra a cobrar factura y entorpece un paraíso de amor, amistad y buenos augurios.

Bergman intuye desde aquellos años (1946) tres de los más dramáticos exabruptos de las llamadas sociedades democráticas. Por un lado la indiferencia colectiva frente a los dramas individuales que en éste caso intentan raspar algo de felicidad al indolente témpano social, muy a pesar de una historia ya juzgada. Es también la burocratización de los sentidos, un intento artificial de establecer ordenamientos "territoriales" a sentimientos de amor, convivencia, fidelidad y mutua solidaridad, tan necesarios para guarecerse de las profusas tormentas que azotan los humanos destinos. Así mismo, Bergman intuye el desplazamiento social cometido por el mismo Estado, quien en aras de un "progreso" a ultranza de la dignificación humana, promueve métodos execrables de marginamiento emocional, sicológico y social. Pero en Bergman no todo es trágico, aún queda el amor después del amor, como diría Fito Páez, el gran paraguas bajo el cual los corazones podrán caminar protegidos, sostener el vendaval y caminar en pos del horizonte acompañados, en éste caso, de un perro callejero.

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