lunes, 24 de enero de 2005

... de Pistolas y Rosas (Capítulo 10)

Todavía recuerdo el día que supe del indeseable pasado —además oscuro— de Marla. Llegaba de compras (éstas siempre escasas), un martes, inolvidable por el tráfico, la congestión y las manos de esos hijos de puta persiguiendo mi trasero en pleno centro de la ciudad. Su sobrino, con una camisa a cuadros y esos ojos profundos imprimiéndole un aire donjuanesco, se acercó a ayudarme a bajar del taxi. Un poco apenada por la otra tarde, forcé un guiño de gracias, pero un movimiento torpe de mis pies fue a dejarme de bruces contra el cruel cemento del andén. Dislocación de tobillo. Rápido corrió en mi auxilio, llevándome casi alzada hasta la puerta del edificio, el dolor se hacía insoportable hasta el tope de las lágrimas. Abrió la puerta, y mientras descansaba sobre las primeras gradas, él se apresuró a recoger el contenido de mis paquetes desparramado por toda la calzada. Aún con el dolor apretándome los dientes no dejé de echarle un vistazo al buzón. Un sobre tirado en el suelo le lanzaba trocitos de carne a mi gatuna curiosidad. Lo escondí bajo la blusa, suponía pertenecer al 402. Cuando, gracias a los brazos prodigiosos de mi vecino, pude llegar al departamento, empujada por la curiosidad que era más fuerte que el mismo dolor, no esperé despedirme agradecida y escudándome en la pena y el dolor cerré ávida la puerta luego de dejar adentro mis paquetes. Rengueando a uno y otro rincón fui encendiendo las velas aromáticas, que junto a los frascos destapados de formol ayudaban a espantar los malos olores como espías delatores de la Nati. Sentía que mi buen samaritano continuaba al otro lado de la puerta por si algo trágico nuevamente me acontecía. Luego de tanta espera infructuosa se marchó, dando tres golpecitos, recordándome que él estaría pendiente, lo cual me incomodaba.

Cárcel El Buen Pastor.
Celda 801 Capacidad: 2
Número de camarotes: 1
Baños: 1
Juego de sábanas limpias: 2

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