
sábado, 24 de diciembre de 2005
Tarde de Navidad

domingo, 11 de diciembre de 2005
Volver al Paraíso
en la comisura de la herida.
Vieja herida que descuelga arena, carne
y un poco de algo incoloro.
Rumoran los infames un final feliz
poblado de cuervos como en los cuentos
de Allan Poe.
¿Regreso a ellos o ellos regresan a mí?
No lo sé.
Tal vez añorando sus tridentes
he invocado sus salmos que hoy me torturan.
Beso sus alas negras. Me refugio en su veneno
para recordar que muy adentro
me espera el vacío de los nuevamente caídos.
domingo, 4 de diciembre de 2005
Casi 5 de diciembre
No sé si desde el 8 de octubre, fecha de su nacimiento, él haya vuelto aquí a recordarme sus manos herrumbrosas, su tez nacarada del color de la miel. Tal vez mañana sienta de nuevo su voz arrancándome lágrimas de palabras, tal vez me persiga con su aliento de humo y su piel de cigarrillo, tal vez solo pida una taza de café y me devuelva a éste rueda de recuerdos, a ésta llaga abierta en las palabras "Lo Extraño", "Me dueles", "quiero estar contigo, padre". Y es que quiero estar con él de nuevo para hablar de las puestas de sol y arrancarle a la vida el olor de los sueños inconclusos.
sábado, 8 de octubre de 2005
Un ocho de octubre del 48
Aún estaríamos arrancándole luz a la negra esperanza.
sábado, 24 de septiembre de 2005
Toque de vida
Del tiempo en mis ojos
Duele el roce vertical
De los segundos
Cada sol al otro lado
Es un cuchillo abierto
En la estación de la sangre
Un signo de muerte
En la palabra Vida
Duele tanto estar despierto
Sintiendo las hojas pegadas
Al otro extremo de los dedos
Que hambriento desprendo
Cansado de la piel
Las manos y la risa
Cansado del mundo
Que parece una letra
Cansado del sol
Que escupe sus días lentos
Detengo el tren con una rosa
Cambio las agujas del destino
Y oculto mi foto
En el bolsillo de atrás.
sábado, 3 de septiembre de 2005
Diciembre
Se infla de humo mi aliento
mientras mojo los recuerdos
en cerveza
El dolor delgadamente resbala
por mi rostro
con su música de sal
Los bolsillos me duelen de
tanto recoger las boronas
de un mundo que juntos
amasamos entre tardes de café
Ahora que es un hueco tu presencia
la enramada de mis huesos
es sólo un nudo de nostalgias
Mi sangre cabalga como nunca
sobre sus bestias de metal
Pasan hojas surcándome
las venas
Un sonido de agua me asiste
como después de la nada
Y hoy más que nunca
me aferro a tus manos
que ya no existen
pero que esperan
entrelazadas
justo al borde de
mi almohada.
miércoles, 17 de agosto de 2005
Vuelvo
en el espejo
con mis ojos llenos de lluvia
con mi alma salpicada de barro
Vuelvo a esconderme de la noche
porque dormir no quiero
porque se me antoja esperar el día
pensando en el pentagrama vacío
del silencio con su olor a piedra
Vuelvo y desespero conmigo mismo
ausente de mi cuerpo
deseoso de otro vaso de cerveza
apuntándome con un dedo
en la frente o en la yugular
del desespero
Vuelvo sin deseos conmigo a cuestas
necesitando de tí
hermana muerte!
martes, 9 de agosto de 2005
Pájaros en la lengua
La muerte se ha vestido de frac
mientras el naipe de los vivos
por la mesa se extiende
Caen como agujas
los recuerdos en la piel
de la memoria
Y la lengua se incinera de monosílabos
y de hojas secas
Vuelven los perros a ladrarle
a esa dama enlunada
que todas la noches barre la luz
en las persianas
a esa dama enlunada que
con el otoño en sus dedos
sostiene los vientos y el silencio
evitando que diciembre deje de sonar
en las campanas
Y resbala la noche
Y se pudren mis ojos
mis uñas y mi piel
como si las espinas no bastasen
como si el dolor fuese sólo un quejido
de piedra.
jueves, 28 de julio de 2005
Moirías Tánciles
Una dama escupe su aroma de mujer barata
El reloj camina de espaldas a mi ventana
El cielo arruga su frente cuando asomo al espejo
Es tarde como ayer y temprano como siempre
No tardarán en pasar los ladrones de mi cuerpo.
sábado, 16 de julio de 2005
Día en lluvia
Que es mejor no recordar
Pero el polvo se hace memoria
Mientras los rostros se descubren.
“Vuelve a tu mesa y cena tu hambre”
Se oye un decir entre las piedras
Pero la lluvia no cae
Asciende y toma venganza
De un cielo habitado en mil ojos.
Hasta ayer me descubrí en la tarde
Intentando adivinar la noche del otoño
Hasta ayer me descubrí en la noche
Intentando esperar el enero de un diciembre.
Se esperan lluvias de un mes
Carcomido en la semilla de sus días
El cielo destiende su cama
Y afuera no para de llover el sol.
sábado, 9 de julio de 2005
Estación sin tiempo
Donde frecuente
La tarde llega con su equipaje
De niebla
Aquí todo se detiene
Entre los péndulos rojos
Que forman los suspiros del tiempo.
El viento con su larga cabellera
Se sienta primero en una vieja mecedora
Donde teje con total maestría
Cada silencio de adioses sin regreso.
Pronto se escuchan las voces
De muchos pasos sin huella
Atados al viejo camino
Por donde hace tiempo escaparon los días.
Entre los gritos que en el silencio
Guardan las viejas tablas
Se escucha el lamento
De lo que nunca fue
Y muchos fantasmas esperan su tren
Queriendo regresar sin ningún contratiempo
A su siniestra guarida de recuerdos.
La melena roja del sol
Se extiende cual gigantesco pulpo
Abrazando con sus tentáculos
La telaraña de lo visible.
En silencio la tarde
Sin pudor va desvistiéndose
Dejando sus prendas más íntimas
Sobre las mudas montañas.
El tren ya ha partido
Y la noche desnuda
Ansiosa de placer
Pide de nuevo ser amada
Por ésta estación sin tiempo.
miércoles, 29 de junio de 2005
El Teseracto: ¿La Morada de Dios?

“Con alivio, con humillación, con terror, comprendió
que él también era una apariencia, que otro
estaba soñando”.
Las Ruinas Circulares (Ficciones), Jorge Luis Borges
sábado, 25 de junio de 2005
El Taller de Cortázar

Cuando el alfarero habló del suspiro
El barro se tejió entre sus dedos
Y los mundos soñados por alguien
Inundaron el humilde rincón del olvidado taller.
Una ciudad perdida se introdujo
Entre las grietas de sus manos oxidadas
Las dinastías se persiguieron unas a otras sobre las paredes
Que vomitaban pálidos rostros franceses
-exiliados del tiempo-
Aún se escuchan las voces
En el viejo taller (la Maga con sus dulzainas transparentes)
El alfarero aún persigue
El mundo con sus manos
Y los fantasmas se esconden
Evitando mirar los espejos.
lunes, 20 de junio de 2005
Sobra algo de mí
La llave que gotea. La noche que titila.
La luz que ensombrece...
Es piel lo que me sobra.
Me sobran también las miradas
Y las risas de la gente que pasea
Con sus suelas arrugadas de tanto
Patear la vacía caneca de un día cualquiera
Me sobran los lunes bien peinados
Asomados al retrete
Antes de tomar el bus de las ocho horas.
Y en el banco de los húsares mal trajeados
Una imitación de fina Piel de Zapa
Es dejada adrede por alguien que aún cree
En la fuerza de mis uñas
Y en el despliegue de mi sorda mezquindad.
Para siempre sobrará algo de mí
Algo de mí que suena como el agua.
martes, 14 de junio de 2005
Las Comarcas del Hambre
Se doblaron las huellas
Sobre el polvo.
Imaginen una cena
De Ave Marías inconclusas
Pero el hambre tiene sus
Discretas ventajas:
Almuerza Padrenuestros sin
Tenedores de plata
Y cena con las sombras
Bostezos de niños sonrientes.
Con ayuda de dos meses
En destierro
El espejo multiplica las miserias
Y en la calle alguien sueña aún
Sobre una almohada de piedra.
Tantas luces en la Comarca del Hambre
Que el polvo recoge sus huellas
Visitando a diario y sin prisa
La mesa que con paciencia le espera.
miércoles, 8 de junio de 2005
Elegía del Ausente
En mi boca cerrada
Los ojos de las sombras toman
Posesión de una hoja
Y aquellas palabras que dibujaban
La historia de la arena en
El sudor de los desiertos
La ausencia de las noches en el ojo de plata...
Aquellas palabras
Guardaron equilibrio
Junto a una orilla de silencio.
Los bosques se despueblan
Cuando cierro aquel cuaderno
Y tu me observas callada
Junto al fuego
Con mis alas de ayer
Listas a emprender
El vuelo de los caídos.
domingo, 5 de junio de 2005
Borges el vidente
Sobre el largo filo del día
Y la tarde moja sus pasos
Con el agua de la memoria perdida.
Alguien ocultó la noche
En el bolsillo gastado
De una vieja camisa.
El equilibrio de las palabras
Salta sobre la voz del viejo
En tanto los ausentes
Se sientan sobre un suelo de olvido.
Un poco más allá
Está la niebla esperando
Con su piel de ventisca.
Nuevamente vendrás
Con tu aroma de muerte
Sepultando la tarde que hoy llueve
En mi imaginación de ciego.
miércoles, 1 de junio de 2005
Señales para llegar a Borneo
−justo en la frontera donde se cruzan los ríos−
Sus casas habitadas de negras y pellizcadas siluetas
Dejan un picoteo de luz sobre la noche:
Manchas iridiscentes que dibujan en el caminante
La sonrisa del arribo.
¡Borneo está más allá! ¡Más allá del espejo!
Cada habitante lleva entre sus manos
Una distancia que se pretende extrañar
En sus bolsillos una palabra
Enmohecida por el tiempo y el sudor de los dedos
Antes de Borneo la línea de los mapas
Se pierde
Sobre una ciudad espumosa como el viento
Se borra
Bajo la falda de mujeres que tejen el viento
−soportando soledad
Se oculta
Entre el sonido de la bola de trapo pateada por la infancia
De una ciudad que envejece
A Borneo se llega en bicicleta
Desde cualquier lugar de la existencia
A más de setecientos pedaleos y con buena sombra en la cara
Pero antes está una mancha de barro y plata
Contenida de pantalones y faldas que se mecen al sol
De manos atadas a un tiempo a un sendero
Y a un muro desteñido
¡Borneo está más allá! ¡Más allá de éste silencio!
viernes, 27 de mayo de 2005
Septiembre
Es como una madrugada de septiembre:
Dos tintas derramadas sobre el mismo papel
Es algo suelto y atado a la vez
Que se destiende y tiende
Para ser dos entre espejo y cuerpo.
Una madrugada de septiembre
Es como una bruja suelta en el tejado
Dando brinquitos de papel, cazando mariposas.
De septiembre solo quedan dos recuerdos:
Treinta gotas en la ventana
Y un frágil parpadeo en la memoria.
sábado, 21 de mayo de 2005
Anuncios
Mientras las líneas de mis manos palidecían
Y la noche con su densa cabellera... temblaba;
Me detenía en cada silencio plateado
Madurando las negras agujas de mis ojos.
Un beso frío de navaja goteaba en la piel
El reloj era una mancha de miedo respirando a mis oídos
Mientras las manos se perdían entre los bolsillos rotos del pantalón
Era helado el aliento de los segundos que cruzaban
Como duendes endemoniados la habitación;
Sonreía ante tanto húmedo vacío que me recordaba
Un pasado, una piel, y una rosa coagulada en la comisura del alma;
La muerte tomaba café, fumaba un largo cigarro junto a mis huesos
Disfrutaba del vino de mi ansiedad
El cual bebía a grandes sorbos
Al ritmo de una negra danza palenquera
Bailada por los ágiles demonios de la noche.
Cuando paren los tambores y los pies se cubran de cartón
Estaré sentado al otro lado de la piel
Sonriendo acalorado por las velas
Llamaré a la puerta
Entraré desnudo
Vestiré de negro
Y seguiré muriendo.
jueves, 19 de mayo de 2005
Vino Rojo
sus dedos tocar
mi alma Con
lágrima en mano
atravesando piel
partiendo sangre en dos aguas
Lengua
de fuego vegetal Manoseando
carne huesos
sexo Pastando
en mi cabellera húmeda
redonda Mordiendo
mis ojos Estrangulando
su voz contra mi nombre Su
voz pálida callada Dos
soles temblando Dos
lunas en remojo Movimiento
de cristal quemado
a fuego lento Dos
aguas pesadas agujereadas Vuelo
de manos entre ropa y ansia de
romper piel entre uñas Soy
carne en sus dedos Deseo
tocándose lloviendo entre
huesos Rock
sin Punto Final.
viernes, 13 de mayo de 2005
Collage
sábado, 7 de mayo de 2005
El Espanto de la Espera
De un Reino de Hojas en otoño
Se aproxima el señor de las edades
Con su báculo de ventisca
Rasgando la niebla de una ciudad que duerme.
Para siempre las almas en pena
Decorarán las vitrinas del mercado negro
Cuando el olor de la sangre
Dirima el suave equilibrio entre la bestia
Que pasta y el asesino que espera junto a la orilla.
El metal de los gritos
Se persigue en cada esquina
Y juega con las puertas que se esconden tras
Sus pasillos de espanto.
Las calles me habitan con sus calendarios perlados.
Si el hoy
Fuera el eterno golpe de unos dados
El fondo del abismo
Se vería mejor frente al espejo.
miércoles, 4 de mayo de 2005
JEAN-LUC GODARD Y EL PROCESO KAFKIANO
domingo, 1 de mayo de 2005
Señor: ¡Bendícenos con tus maldiciones!
La incandescencia del infierno toca límites impensados si los Baudelaire y los Toulouse-Lautrec deciden romper el tiempo y el espacio para embriagarse de putas y alcohol en cualquier Moulin Rouge o "Salon de la rue des Molins" contemporáneo. A la punta del pincel se ata un adjetivo mañoso y desfilan los espantos por las blancas arenas del lienzo, hombre contra hombre en un abrazo de licor, se acarician hasta el amanecer, se penetran hasta el alma y clavetean de madrazos la machista y vanidosa existencia heterosexual. Bulle el humo del cigarro, se desprende la droga excesiva, se invocan los espíritus malditos, se vacían los bolsillos, se busca la bienhechora complacencia del que fía, se unta el sexo en las colillas, pero se acaba la noche y vuelve la luz, ¡maldita luz!: aniquiladora del sueño, manducadora de negra leche existencial.
Un trofeo a la indecencia masculina, una burla a la pastosa racionalidad humana que llena de teorías los anaqueles de la imbecilidad y la arrogancia. Los santos sudarios se rasgan para dar paso al líquido dialéctico del sexo. Dios y bien avasallados contra las cuerdas. Regresa la esquizofrenia de las artes a salvaguardar del cielo a los santos-pecadores de turno y en su magnificencia surgen seres todopoderosos que atormentados buscan un refugio dentro de sí mismos para calmar el hambre insaciable que les corroe y les obliga a abandonar los luminosos salones de la estulticia contemporánea. Se juegan la vida en cada encuentro. Apuestan contra su alma el logro de sus versos y el fulgor de sus lienzos. Construyen historias para seres luminosos mientras van dejando regada su existencia de humo y alcohol en cada esquina de sus ciudades desgastadas como perros que desandan en la noche, solitarios, pero sublimes.
Egon Schiele, dado a conocer por Mario Vargas Llosa en su novela Los cuadernos de don Rigoberto, invitó, desde la desesperación de su falta —o más bien exceso— de identidad sexual, a que el mundo se diera a una nueva lectura: la visión poética; al igual que Pessoa quien desde su dipsomanía indeleble llevó de la mano al mundo a un espacio pictórico de nuevos colores, matices y sombras. Un uno-más-uno-igual-a-uno, más elemental que filosófico, más venero que apocalíptico, con el cual se evidencian trazas de malignidad, éste último calificativo entendiéndose fuera de la dicotomía que de la existencia hace la santa iglesia y la santa Biblia. Luego, afincados en el dilema de hasta qué punto es bueno o malo decidir vivir eternamente abrazado al alcohol, o quién tiene autoridad de inclinar la balanza, izquierda derecha, si solo se ha intentado expresar una conducta sexual sin importar que ésta haya o no encajado en la arenosa moral de sus congéneres, podemos decir que afortunadamente la moral no es una verdad que exista, y por ende, quien diga ser su dueño. ¡Demos entonces la bienvenida al mal!
Malignidad hecha arte, malignidad hecha eternidad, historia y cultura. Cultura de seres que acogidos por la falda lechosa de la oscuridad, maman el néctar que la noche desprende. Cultura de hombres y mujeres disfrazados de espanto, perseguidos por sus dotes de magos y demiurgos, de hetairas y donjuanes afrancesados en la poesía y en la pintura de sus visiones proféticas, casi apocalípticas. El manto está echado sobre la tierra, ruedan los demonios en cada paso de poeta ensillado y pintor enjuiciado. Unos a otros los habitantes comunes de la tierra se enfrascan en sangrienta persecución batiendo sus lenguas, mojando en el deletéreo néctar de su ignorancia, sus dardos, sus miradas mugrosas. Pero queda la mirada indiferente del joven Rimbaud soslayando nada más que horizonte, nada más que tierra de titanes, de dioses hechos carne, de dioses defecantes, malolientes también. Quedan las luces ensordecedoras de un Van Gogh que asesina que seduce y que atrapa sin importar la molicie del tiempo.
Las esquinas los esperan. Los bares infestados de putas, cigarro y licor abren sus puertas desde el despunte del día, acogen el lazo marital de su existencia profana, el dinero no importa, solo importa la voluntad del que invita. No hay rezo ni agua bendita que valga, Satán se agiganta con sus bendecidos malditos. Afortunadamente nosotros también los esperamos, a la vuelta de una página o en la galería casi olvidada de la historia hecha museo.
viernes, 29 de abril de 2005
PARÁBOLA DEL QUE ESPERA
La luna agujereada por nubes negras
Mojaba la habitación poblada de suspiros
A lo lejos la música pastaba
Entre el claro del asfalto
Con los cuerpos rumiando un brindis
Y desvistiendo una cómplice mirada
Voces que luchaban con su equipaje de palabras
Persiguiendo por todos los rincones de la negra ciudad
El punto final de la historia.
Un olor a noche sobre el negro tablero.
Sentado. Aspiro el último cigarro de un día
Que concluye bajo la falda insinuante
Del viejo calendario –verdugo que hace siglos me acompaña-
No pregunten por mí si mañana despierto
Tal vez estaré buscando otro cuerpo que habitar
Tal vez estaré tomando las medidas exactas
Para que la noche se esconda entre mis húmedos bolsillos.
lunes, 25 de abril de 2005
Boca de Solo
Cuando tus ojos escapan
Del bolsillo a la parte delantera
Del silencio
hecho piedra.
Sin tardes tu nombre es verde
azul y triste como el mar en sábado.
Me has dicho beso con perfume
En los dedos y agua en el alma.
Pocos han entendido los signos
Mientras sigo persiguiéndome
En las curvas de tus sonidos
En la boca de tus uñas
Y en el adiós de tu regreso.
sábado, 23 de abril de 2005
Luis de Azul II
Dejaran indefensas ventanas del alma.
Y es que de tanto someterse a la molicie
De un poema: la tortura de sentir
Fue perdiendo la frontera de su cuerpo.
Se dice que antes de nacer
Estaba destinado a vender su alma
En mercado de leprosos.
Tal vez con la intención
De remendar con cicatrices
Abismos en los cuerpos o abismos en las nadas
A cambio de monedas sumergidas
En el fondo del aljibe.
Nadie imaginaba que las sombras
Fuesen mercancía de poca monta
Ni mucho menos pensar que en las plazas
-donde habitaba el silencio-
también se ofreciera en venta
la tortura de las manos.
Por eso Luis de Azul
Aún camina en un país de otros
Imaginando que otros pueblan
El mercado de su alma.
jueves, 21 de abril de 2005
Luis de Azul
Entre el mosto del arrabal
Suspiró y la luna inclinóse
Con su beso metálico congelando sus pasos.
Luis de Azul
Estaba allí lacerando el vientre
De una calle oscura
Con su cigarro extranjero
Y su sombrero borsalino
Mordido en los límites de Aries.
Nausea aproximándose bajo sus pasos.
Voces de ánimas floreciendo en los rincones
De su pasado mudo.
Paginas enteras carcomiendo el embrujo de
Sus dedos
Dedos de marzo dedos de abril...
Paginas enteras saltando como buitres hambrientos
Al asomo de la sangre entre hendijas de desvelo.
Su sombra almuerza su ausencia
Y Luis de Azul comienza con su muerte
Que no para de escribirse.
lunes, 18 de abril de 2005
TOQUE DE VIDA
Del tiempo en mis ojos
Duele el roce vertical
De los segundos
Cada sol al otro lado
Es un cuchillo abierto
En la estación de la sangre
Un signo de muerte
En la palabra Vida
Duele tanto estar despierto
Sintiendo las hojas pegadas
Al otro extremo de los dedos
Que hambriento desprendo
Cansado de la piel
Las manos y la risa
Cansado del mundo
Que parece una letra
Cansado del sol
Que escupe sus días lentos
Detengo el tren con una rosa
Cambio las agujas del destino
Y oculto mi foto
En el bolsillo de atrás.
martes, 5 de abril de 2005
Cementerio
Sostengo con indiferencia
La mirada que la luna me tiende
Voces mojadas
quizás por el llanto o la inquieta lluvia
-Caen como pequeñas monedas de bronce
Sobre un suelo de mármol profundo.
Una lengua milenaria besa salmos inconclusos
Quemándose bajo lo oscuro de una prenda.
Flores disputándose palcos de honor
Rostros atrapados bajo el temblor de los cirios.
La tierra está húmeda
Siento la saliva de su boca
Y el suave desmorone de su vientre.
El cielo galopa sobre briosos corceles
Mientras mi sangre sigue desnudando
El suave beso de un puñal en la penumbra.
miércoles, 30 de marzo de 2005
EL GUERRERO QUE SUEÑA
una bandera
solemnemente doblada
Una cruz al valor
O una medalla dorada.
No habrá desfile
doliente
Ni mojarán su mortaja
lágrimas
de los que siempre
lo tuvieron ausente.
No se podrá ver
la tristeza
en el rostro de hijos
o de mujeres amadas.
No habrá discurso, ni prensa
O tal vez obituario
con elocuentes palabras.
Sólo lluvia y silencio
Una tumba maltrecha
en algún lugar
de una selva olvidada
Y el oscuro calor
de la tristeza
abrigando su sueño
De una patria
al fin liberada.
Poema escrito por OSCAR ALONSO DELGADO.
Amigo de letras y de karma.
lunes, 28 de marzo de 2005
Juegos de azar
Con monosílabos en las uñas
Y un adiós en la carne
Pies descalzos sobre polvo
Como jinetes a destiempo
Persiguiendo en la huella
El desangre de
Dos cuerpos que se juntan
Sobre la hierba
Desnudos
Húmedos. Muriendo.
martes, 22 de marzo de 2005
Apocalipsis de Piel
Para hacer de mi cuerpo
Un faro en la noche
Esperarte sin luz
Sabiendo que llegas mojada y oscura
Bañada en dos arenas
Como barco de papel
Tu mirada de invierno
Gotea en mis noches
Como el tiempo en la ventana
Estás aquí lejana
Embrujada de hoy de ayer
Desnudo mis manos acaricio
Tus ojos
Desnudo tu frente y me niegas un beso
Triste como el mar
Escondo las redes el ancla y las estrellas
Dispuesto a perderme en un silencio
Negro
Tan negro como un bemol de piano
Profundo como un anillo sin mano.
domingo, 20 de marzo de 2005
Parisielo

Altas cejas boca fina de lápiz
Niña-Mujer de altas horas de silencio
Dibujo perfecto de la lluvia en la ventana
Hoy entendí el idioma de su piel:
Verbos y adjetivos encallando barcos
donde el agua es su forma su curva
la línea de mis dedos
Niña-Mujer de trazos en la herida
Definiendo el rumbo de mi insomnio
Que como nave de papel
Se va adentrando en una bruma de
Espejos y de anclas olvidadas
Voy sintiendo el paso de las sombras
Como un venirhuyendo que
Sobre la madera vieja y desteñida
Palmotea húmedo su pie descalzo
Mientras las velas se agitan perpetuando
Éste domingo al surynorte de mi cama
Niña-Mujer mientras adentro llueves
París está a dos lunas de mi puerto
Tus besos a una flor de mi almohada.
lunes, 14 de marzo de 2005
Oda para una tarde que llueve
Y los carros desgarran las delgadas
Gotas de lluvia pegadas al asfalto. Suenan.
Hay tambores de plenilunio dispuestos
Al primer intento de renovarse la marcha líquida.
Tras la cortina la telaraña de un rostro frío
Invita al tiempo a destejer su madeja de espera.
Pronto el párpado del sueño invitará al obrero
Para que trance otro mundo junto
A su yunque de bostezos.
El invierno ha comprendido la tarea de los muertos
Y destiende su delantal de alfarero
Que no se lava así mismo en noches de sol
O en días de lluvia lunar
Por conveniencia de los dioses.
Una mano me acompaña a escribir
Del calor bajo las tibias sábanas.
Cae una gota: ¡Suena el silencio!
sábado, 12 de marzo de 2005
La Dama sin nombre
La dama invisible de cabellos de agua
La de manos abismales que recorren los mundos
La secreta señora de las rosas coaguladas
Besarás como océano la orilla del olvido
Para tocar con tu brisa una huella en la arena
Señora cuyo nombre deja un tatuaje en los labios:
De silencio
Y de lunas perseguidas
Señora triste de porcelana y agua:
¡Prepara una llaga!
¡Prepara una rosa!
miércoles, 9 de marzo de 2005
Heridas de tiempo en Agosto
Y el invierno hace huelga en la ventana
En medio de tanto vuelo de sombras.
Armados están todos y cada uno
De los fantasmas que aún bostezan
Sobre la vieja mecedora de mimbre
Recostada en la oscuridad de la casa.
Abril fue un mes de negras alas
Pero hoy me doy cuenta que agosto
No solo atormenta con sus vientos
Sino que ensordece todas las noches
Con sus heridas manchadas en vino tinto.
Si las viejas manecillas no se cansaran
De obligar al tiempo a andar sus horas
Reanudaría mi guerra en el café del frente
Con el periódico de ayer bajo mi brazo
Trazando el mapa de los sueños.
Ya no hay tiempo para aquel ausente
Que aún traza laberintos en el aire
Atando una yegua color lluvia
Al lápiz que hoy escribe sus poemas...
En una noche de agosto
Cuando apenas comenzaba noviembre.
sábado, 5 de marzo de 2005
La Mujer que se llevó mis barcos

Tiene las manos de los lirios sin aroma
Sus senos se construyen con la
Arena de los siglos.
Un anciano ya sin dientes
Bebe en su sonrisa
La tibieza de su vientre.
No admite en sus cabellos
La conciencia del tiempo pues
Sabe de antemano los designios
De los dioses.
La mujer que se llevó mis barcos
Se ha desnudado muchas veces
Frente a un puerto anclado
En lo que nunca fue.
El carmín de sus labios húmedos
Conserva el arcano
Donde la muerte se desviste
No hay mirada en los ojos
Solo premoniciones de antiguos poetas.
La mujer que se llevó mis barcos
Con la canícula naciente entre sus piernas
Incinera las redes donde se atrapan mis días.
La lucha de su cuerpo contra mi alma
Está grabada en la arena
De una playa lejana
Donde un barco viejo
Suspendido en el tiempo
Humedece aún sus huesos
Para tratar de existir.
martes, 1 de marzo de 2005
domingo, 27 de febrero de 2005
Vivir para mis putas tristes

sábado, 26 de febrero de 2005
viernes, 25 de febrero de 2005
Visiones
Que a menudo me habita
Merodeando entre las sombras
De la vieja biblioteca
Lleva entre sus dedos:
Temblor de luna en estanques
Voces de antiguos artesanos del silencio
Y heridas de una guerra desatada un día de lluvia.
Aquel fantasma que a menudo me habita
Deambula solitario por las noches
Llevando a cuestas un bostezo de farolas.
Según cuentan
Parece que persigue el ala temblorosa
De una mariposa manchada en vino blanco.
Otros dicen
Que ha olvidado la pluma de un ángel
Enredada entre las piernas truculentas
De alguna odalisca con mirada de aire.
Las ventanas bostezan oscuridad
Cuando comienzo el viaje infinito
Y alguien espera junto a mis libros.
¡Mañana creo volveré a entrar!
miércoles, 23 de febrero de 2005
Desvelo en las ventanas
Respira cerca a mis oídos
Y entiendo los círculos viciosos
Que hacen del reloj una espera en el vacío.
Pronto escucho el sonido
De las uñas creciendo en mis bolsillos
Parece que la vida
Se viviera en una aldea olvidada
Bajo el manto lujoso de un emperador ciego.
Cómo rugen los diminutos monstruos
Que recorren la ciudad
Con aliento de petróleo
Golpeando la niebla inmóvil
De mis ojos en la ventana.
Hoy fue jueves
Mañana espero sea lunes
Para tomar café sin ser visto.
jueves, 17 de febrero de 2005
El Guerrero del Silencio
De la noche
El Guerrero del Silencio
Hace escala en mi memoria
Su frente mordida por el sol
De los egipcios
Sus manos lanceadas por un murmullo
De pálidos ausentes
Dan prueba de la guerra
Que aún persiste como estruendo
De sábanas viejas.
Tan solo la mujer que teje el viento
Sentada sobre el taburete del sueño
Ha podido entender sus heridas.
Los caballos de ayer aún pastan
Sobre su humilde historia
Pero llevan en sus ijares
Una lluvia de palmoteos
Un afán de llegar
Junto a la charca enlunada de sus pupilas
Que aún insisten en beber
Un pedazo de existencia.
lunes, 14 de febrero de 2005
Madame Morièri
Siempre llevaba en sus bolsillos
Un pedazo de oscuridad errante
Aprendió el arte de atrapar olvidos
En un álbum de fotos no vividas.
Le inspiraban las jaulas de luz
Observadas a diario
Cuando los perros mordían la luna
Y las niñas de pelo largo dialogaban
Con sus sombras.
Hasta entonces las rotas aguas de los ríos
Daban fe del bocado de huesos
Oculto bajo sus faldas.
Sola estaba ella
Cuando decidió sin reparo
Compartir sus cacerías con mi almohada
Y el tren que bostezó un Viernes Santo
Pronto viajó sobre el tejado del pueblo.
Hoy recorrí el frío de su centro
Y alcancé a ver entre sus uñas
Un pedazo del alma que según dicen
Puebla y despuebla mi cuerpo en luna llena.
domingo, 13 de febrero de 2005
El Último Habitante de La Nada
Y las voces de los niños
Se escucharon entre el chasquido
De abandonadas canicas en el parque
Lo más importante era estar atento
Al descuido pasajero del ángel de burdel
Quien bajo sus alas de cristal
Llevaba pegado en cinta negra
El nombre del último habitante de La Nada.
Y las voces de los niños
Se escucharon bajo la pestaña abandonada
De un parque visitado por ausencias.
Ahora lo mejor será ir de compras
Olvidar la caída de las hojas en otoño
Y sentir el beso frío del silencio
Que todos los años cobra sueldo
Con la llegada del último habitante de La Nada.
sábado, 12 de febrero de 2005
Jueves o Viernes
Inventa sus sombras junto a la tarde
Y el viernes se adormila cual
Ratón de porcelana.
Me voy dando cuenta cómo la tarde
al igual que todo aquello llamado patria-
está hecho de todo aquello que no tengo.
Persigo un olor de axila
Bajo el pubis de la infanta que inocente...
Se aproxima.
Suena la cafetera bajo los labios ausentes
De aquellos desposeídos en sus bolsillos rotos.
Miren mis pasos sobre el polvo de las charcas
Den cuenta de la página oscura
Pegada en la punta de mis ojos.
La suela de mis zapatos habla de unas huellas
Que se detienen y no avanzan
Porque el camino va persiguiendo
Letras escritas
Sobre una tarde –quizá viernes o jueves-
Que más parece un libro de leyendas.
viernes, 11 de febrero de 2005
Levedad de los Seres
Sin límites
Habitado en la nada
Por caídas de otoño
El beso del frío cerrando
El principio de dos manos enlazadas
Bajo una selva en extinción.
Mirando a través de la vieja cerradura
Llegan los mundos impensables
Del tiempo
Y se congelan en la memoria
Desnudos los instintos como dos aguas.
Tanta soledad oculta y habitada
Alcanza la punta del papel
Y prepara el límite de la niebla.
Levedad de cuerpos mutilados
En la ceniza.
Levedad de pesos cada vez más
Densos en su oscura eternidad.
Y como dos mares congelados
En la punta de una lágrima
Los recuerdos se conservan
Mientras Picasso se desnuda bajo el agua.
miércoles, 9 de febrero de 2005
Las Comarcas del Hambre
Se doblaron las huellas
Sobre el polvo.
Imaginen una cena
De Ave Marías inconclusas
Pero el hambre tiene sus
Discretas ventajas:
Almuerza Padrenuestros sin
Tenedores de plata
Y cena con las sombras
Bostezos de niños sonrientes.
Con ayuda de dos meses
En destierro
El espejo multiplica las miserias
Y en la calle alguien sueña aún
Sobre una almohada de piedra.
Tantas luces en la Comarca del Hambre
Que el polvo recoge sus huellas
Visitando a diario y sin prisa
La mesa que con paciencia le espera.
lunes, 7 de febrero de 2005
Un día de...
Así se vivió la última guerra de la Luna
En los espejos
Huyeron de si mismo los cuerpos
Cuando un hombre cruzó el umbral del viento
Y la hierba aplaudió con tu silencio.
Fueron tejiéndose uno a uno todos los encajes sueltos
Al descuido de un siglo en su carrera de ladrón.
Pienso en la caja de cristal oculta
En el último rincón de tu morada
Y en el diario leído por las polillas del tejado.
A veces la guerra continúa junto a mi cama
De noche
Y los disparos se escuchan tan cerca
Que es imposible oír tu ausencia bajo la
Almohada.
El siglo persiste como ladrón
Entre mis libros
Mientras la luna aún refleja
Tu mirada en los espejos.
Mujeres

Mujeres para un juego de estaciones
Mujeres que asoman sus deseos después de morir
Mujeres para hablar de las estrellas oscuras
Mujeres para inventar el mundo de los sueños
Mujeres que entristecen calendarios con sonrisas
Mujeres con manos de aire para perseguir un beso
Mujeres con un pétalo de labio y un adiós en la mejilla
Mujeres perfumadas para pegar las horas a su falda
Mujeres de ojos grandes en las tinieblas del ayer
Mujeres poderosas que descubren mil estrellas en un día
Mujeres para hablar del poema y decir que aún hace falta
Un verso más para decir adiós.
Huelga de Líneas (Capítulo Final)
sábado, 5 de febrero de 2005
Retorno de las edades
Y los huesos han dejado de escribir
Su color de porcelana en las paredes
Parece que el aire se guardara así mismo
Entre oscuros gemidos de luz
Y una carga de manos en invierno.
Un hombre trae a cuestas
Sus noches ovejunas esperando
En la estación del ayer
Las puertas abiertas del destino
No hay regreso en su intento de salir.
Vuelven los esclavos del cemento
Y se habla de una sangre sin herida
Bajo una línea sin puntos...
En el preciso instante que la lluvia se detiene
Frente a un lunes que aún intenta despertar.
Huelga de Líneas (Capítulo II)
Aún huele a pólvora. Resbalando sobre la espesa mancha roja alcanza a seguir el rumbo de la línea que saliendo de la mano se enrosca en la culata; junto a la línea remonta la muñeca, alcanzando las planchas de la cubierta del barco después de vadear las sinuosas fronteras del cuerpo todavía caliente. Suda una que otra gotica negra, avanza con cuidado evitando ser pisado por la gente que viene y va. El muelle está congestionado al igual que la aduana, el día es agitado y empieza a llover. La rubia está ansiosa, parece que va tarde a su cita de siempre. El punto trepa agarrado a la línea que ya sube por la media de nylon cristal. Ahora se descuelga por una ventana del autobús mientras mira de reojo el zigzaguear de la línea por entre el tráfico endemoniado de la ciudad. Escapa a un chaparrón de gruesas gotas de agua y se siente perdido en ese pandemonio de ciudad. Un perro pulgoso atraviesa la avenida, vadeando el tráfico, la gente y otros perros. Sobre su lomo se divisa apenas nada, pero respira aliviado aunque las pulgas ya le hacen mala cara. Se impulsa como nunca y cae de bruces al andén, afortunadamente despoblado, dándose tiempo de limpiar con dos pases de manos su frente sudorosa. Desde la esquina alcanza a divisar la aglomeración de líneas apelmazadas en la vereda del frente. Las líneas llegan de todos los lugares y el punto siente un nudo en la panza ganando terreno en la boca. Son miles, por momentos piensa en millones, que se cuelan entre el pasto subiendo por el pararrayos de la casona a mitad de cuadra, trepando el techo, llegando al interior a través de una habitación a oscuras. El punto se desliza bajo la puerta. Ahora entiende que el mundo está invadido de líneas y más líneas; gruesas, delgadas, bruscas y suaves, de infinitas texturas tamaños y colores. Se amedrenta un poco pero el recuerdo de la carta sobre la mesa le devuelve la esperanza. Suspira. Más allá del muro, más allá del cuadro de la mujer en un diván, sabe, encontrará lo que tanto busca. Así que, decide seguir imperturbable el rastro de las líneas hasta llegar al otro lado, hasta encontrar la mesa y sobre la mesa la carta y entrando a la carta, o también, saliendo de ella, un ejército de líneas; sintiéndose nervioso penetra el sobre y es ahí dentro que descubre su inmortal naturaleza. No había punto al final de la carta. En el lugar del consuetudinario punto las líneas entraban (¿o salían?) como por entre un agujero. Unas rectas, otras oblicuas, pero todas entraban por allí (¿o salían?) como si la puntada final hubiera cedido un poquito dejando escapar infinitas hebras de hilo.
miércoles, 2 de febrero de 2005
Martes
Atravesando el espejo de una alcoba
No hay rasgo de piedras
En sus metálicas esquinas
Pero el rito se hace esperar
Del ayuno de unas manos
Que en su digerir han perdido el habla.
Ahora soy un hombre que entristece
Sentado sobre los hombros de esa serpiente gris
Abortada de las entrañas de un cigarro
Y mientras muerdo las alas de un martes que...
Se extingue
Sueño con hacer del lunes
La polilla infinita del que espera.
Ahora aquí
Eres el espejo roto
Multiplicando domingos frente al cine
Con un futuro de hojas
Amarrado a unas huellas
Que sin distancia me persiguen.
Huelga de Líneas (Capítulo I)
Todo empezó por un cuento de Cortázar.
El punto, cansado de siempre ser el último, buscó infinitas maneras de esquivar lugar tan indigno. Pero resultaba que a cada relato terminado no había forma diferente de dar fin que el de utilizar ese minúsculo y redondito remache en tinta negra como última puntada asegurando el hilo a la tela, dando firmeza al tejido. Furioso, se llenó de valor y empezó a buscar la oportunidad adecuada de dar fin a su condena, la cual parecía bíblica. En ésta ocasión se sintió distraído, casi risueño, cuando asomándose cauto por entre las teclas de la máquina pudo dar una leída a vuelo de ave y supo que de la carta tirada sobre una mesa salía una línea y que corría y bajaba por una pata. Se rascó la barriga y estuvo a punto de caer sobre la hoja cuando una idea empezó a hacerle burbujitas el pecho —que también hacía las veces de barriga.
martes, 1 de febrero de 2005
Parábola del que sueña
De imposibles
Nadie imaginaba su adiós deshabitado
Estaban todos tan distantes en el viento
Que sus cuerpos mojaban con el frío
Se acercó con la luna
Entre su aliento
Midiendo el desatino de las piedras
Fueron máscaras de cielo sin espejos
Pegadas en el toque de los dedos
Todo estaba previsto
Y ni el tiempo, ni el sexo,
Ni las hojas, ni el dolor, ni los muslos,
Ni la sangre, ni el sudor, ni la herida...
Ocuparon la silla destinada
A su juicio en una esquina
De la infancia.
lunes, 31 de enero de 2005
El País de los Espejos
Avanza entre la hierba mojada
Los tambores del espejo anuncian
El encuentro de dos barcos
Navegando sobre mares de papel
Van vestidos de ceniza los dardos
Lanzados un Lunes que nunca
Llegará.
En el Reino de los Sables las
Tardes no avanzan
Solo pasan como caracoles alados
Persiguiendo la herida en la punta del metal.
La danza negra se desliza entre los dedos
Mientras los marineros van bebiendo a gritos
El mar que aún persiste en su humedad.
El País de los Alfileres Negros
Vive en la pupila estática de sus muertos
Congelando tardes que sonaban a
Noviembre sabiéndose
Enero.
... de Pistolas y Rosas (Capítulo 16) FINAL
Han pasado más de dos horas y todo sigue igual: el frío, la brisa, la luz, el casi-silencio, y el hambre. Me escudo en los juegos de infancia, el mar, las ballenas y el capitán; descubro en la punta de mis dedos el poderoso rayo equis de tan poderoso alcance y tan desmedido temor en los enemigos, pero huele a risa y eso no está bien, no está bien porque la risa provoca hambre y no me han traído ni siquiera el desayuno.
—Hasta ahora no ha dicho su nombre.
¿Para qué quiere mi nombre? O es que ¿no le basta con saberme aquí, entre los monstruos de mi infancia, la tortura del hambre, la soledad y el silencio?
—Por lo menos ¿quién es usted?
Mi profesión ya debe saberla y sabrá porqué estoy aquí y además dónde estoy.
—Habla de su profesión como si fuera ayer.
Ya lo sé.
—¿Por qué hizo lo que hizo con la Nati? ¿No dizque era su mejor amiga?
Eso ya lo dejé bien claro.
—Al menos su nombre artístico.
Juliana.
—Y de los asesinatos.
No sé.
— ¿Algún familiar?
Tan solo un hermano, no más.
— ¿Él aún vive?
Eso creo.
— ¿Nunca lo buscó?
No quedó tiempo.
— ¿Cuánto cree que va a durar más ésta historia?
No sé. Tal vez ya terminó y usted no se dio ni por enterado(a).
— ¿Vivía en arriendo?
No.
— ¿Pagaba impuestos por el apartamento?
Cumplidamente, ¿por qué?
— ¿Qué nombre se leía en la factura de impuesto?
Marla Díaz Palacios.
domingo, 30 de enero de 2005
Una tarde en el tiempo
La distancia entre la falda y el deseo
La muerte de un minuto entre dos horas
Una lucha que comienza cuando termina
El desastre de dos dioses en una taza de café
El mundo en una mano
Y en la otra un remedo del infierno
No hay prisa en las ruedas del reflejo
Ni deseo en el armario del fantasma
Pero se destrenza la tarde
Sobre un libro que bosteza en los cigarros
Hay más anuncios del hambre
En el extremo de los dedos
Círculos de un año
Perfumado entre mil pedazos de vidrio
Años de un mayo que se cuece
Lenta... muy lentamente.
Alguien cerró el oráculo
El café estuvo a punto de servirse...
... de Pistolas y Rosas (Capítulo 15)
sábado, 29 de enero de 2005
Calendario con meses en secreto
los vidrios que aún guardan
su mirada de lluvia?
Alguien pegó un botón de luz a
La falda del viento que hoy regresa
Con agosto entre sus húmedos
Muslos.
Ya es tarde
Y se aproxima septiembre
Dejando en el umbral
El hacha suspendida
A la espera del primer cabello suelto.
¿Algo de luna entre mis dedos?
¿Algo de lluvia bajo la piel?
Estará la misma danza de un día olvidado
Pegada en la retina del mendigo ausente.
El hacha está en septiembre
Será mejor…
Esperar los vientos de agosto.
viernes, 28 de enero de 2005
La Puerta del que espera
Donde todo se esfuma bajo líneas
De lápiz y de tiza.
Es la tarde un dibujo de lluvias
Y aún el agua no moja el concierto
De las horas en el cansado reloj
El asfalto ha perdido su talle
No hay sitio para el solsticio
De unas manos empuñando el frío
Todo se sucede bajo la falda apretada
De una niña que juega con ser puta
O al menos monja de convento
La mujer de la esquina no entiende
El lenguaje de los sexos encontrados
Y se arriesga a ser mujer del mismo
Del mismo que habita multitudes.
En juego de vitrinas rotas
El diminuto bisturí de la espera
Comercia con un dueño adormilado
Los pases mágicos del dinero falso.
¡Al fin alguien cierra la puerta!
... de Pistolas y Rosas (Capítulo 14)
No sé cuántos meses se acumularon de agua, luz y gas sin pagar, producto de mi desmemoria, pero ante todo de la falta de dinero: otra bailarina sacando provecho de sus pechos guturales, caderas ronroneantes y ojos espumosos, estaba ganando lo que yo debía ganar, cobrando lo que yo debía cobrar.
Bueno, a todo uno le puede sacar el cuerpo, a todo menos al hambre, y ahí sí que estaba en una situación complicada, sin salida y sin opción alguna.
jueves, 27 de enero de 2005
Monta de la espera
Mientras montaba sobre la espera.
Tomé el fuego del deseo
Y construí una isla de imposibles.
Quise fingir la soledad
Y las paredes se quejaron
Con su mirada de pintor desfallecido.
Sobre una esquina del silencio
Tomé asiento
Y me dispuse esperar
A ese estibador de naderías
Que hace tiempo me habita
Y que me aturde con su equilibrio.
Ayer
Luego de cien años
Descubro que el tiempo
Es un goteo de palabras y sueños
Sobre el suelo mojado de la memoria.
... de Pistolas y Rosas (Capítulo 13)
No sé por qué, pero fue un domingo, digo domingo porque era el día que Diomedes duraba dando sus con-mucho-gusto, sus ay hombre, a todo volumen, desde las siete de la mañana hasta diez de la noche, cuando varias voces llamaban con premura y preocupación invitando a que por favor cualquiera abriese la puerta, digo no sé por qué, pero abrí. Dos hombres: uno delgado de ojos hundidos y rostro pálido, el otro de contextura gruesa, bajito, de mirada inquisidora y desconfiada. Por sus expresiones pude deducir mi total desaliño, en nada me preocupé, quería echarlos a patadas lo más rápido posible. Mientras el gordo mofletudo importunaba con sus necias preguntas, el otro llenaba una libreta de apuntes con trazos tan desbaratados como su propia figura. No recuerdo qué respondí, mucho menos qué preguntaron. Sólo recuerdo la molestia de saber que muy pronto volverían a importunarme con sus preguntas, pero mucho más con sus figuras desproporcionadas y asimétricas. Respiré más calmada no sólo por la partida de ese par, también me vino algo de alma al cuerpo cuando percaté las velas encendidas y el montón de frascos de formol destapados bajo las sillas, frente a la cocina. Sentí los nervios disparados, la fuerte descarga de ansiedad empezó a hacer mella en mi equilibrio, me costó mantenerme de pie, un pequeño olvido y la Nati se iría para siempre de mí, eso sí que no lo podría soportar. A gatas, casi arrastrándome, llegué hasta la nevera, descubrí que necesitaba más hielo, lo cual significaba tener que ir a comprarlo, y por desgracia salir.
miércoles, 26 de enero de 2005
Toque de Vida

Del tiempo en mis ojos
Duele el roce vertical
De los segundos
Cada sol al otro lado
Es un cuchillo abierto
En la estación de la sangre
Un signo de muerte
En la palabra Vida
Duele tanto estar despierto
Sintiendo las hojas pegadas
Al otro extremo de los dedos
Que hambriento desprendo
Cansado de la piel
Las manos y la risa
Cansado del mundo
Que parece una letra
Cansado del sol
Que escupe sus días lentos
Detengo el tren con una rosa
Cambio las agujas del destino
Y oculto mi foto
En el bolsillo de atrás.
... de Pistolas y Rosas (Capítulo 12)
Oye Nati, hace días que la policía merodea el edificio, hasta he visto señores extraños interrogando en cada apartamento, no demoran en llegar hasta aquí, seguro ya han venido pero no nos han encontrado. Parece que de nuevo hubo otro muerto. Deberían de una vez por todas llevarse a la vieja bruja del 402, ella debe ser la responsable de tanta muerte y tanta sangre, pobrecito, viviendo con tremenda arpía, ella es la asesina. Nunca la he visto, aún así, no me es difícil imaginar su cara homicida, sus largas uñas encorvadas como garfios, su extravagante mueca sanguinaria, sus ojos de cuervo con largos días de ayuno… sus antecedentes penales son prueba irrefutable. ¿Por qué no acudían a ellos? ¿Acaso esperaban a que murieran más inocentes, víctimas de una anciana loca, desquiciada y hasta satánica? Ya no tenía tiempo de visitar al nene, el Bienestar Familiar quedaba muy lejos, y cuando terminaba mi turno en el bar tan solo pensaba en dormir, nada más que dormir. Parece ser cierto, pero estas malditas pastillas ya no sirven para nada, no me hacen efecto alguno, si sigo así voy a terminar en el manicomio, en algún San Camilo.
martes, 25 de enero de 2005
INCENDIO
Las cenizas andan sueltas.
Sabbat de Papel

Luzbel se ha vestido de fiesta
Para esta noche que huele a lluvia
Entre el miedo y el espejo
Da sentencia con su mueca de cobalto
Me azota con el vidrio de su risa
Y clava mil tildes en la punta de mis dedos
El Negro Caballero no sabe de orquesta
Ni de sueños a mitad de la vendimia
Él solo sabe de juegos malditos
De creyones rosados en la sangre
Y de encías rojas contra caries y saliva
Voy mostrándole el alma que huele a hierba
Para espantar su fábula de santero
Engañándole con dos-puntos en el pecho
Fingiendo un crujir de papel en el bolsillo
Vendiéndole mis huesos un sábado
Cambiándole mis sombras por ropa vieja
Para después rasgarme en sus uñas
Y deslizarme por sus venas como sangre
Fuego de infierno
Antes de que salga la luna.
... de Pistolas y Rosas (Capítulo 11)
lunes, 24 de enero de 2005
Bagdad Meridiano Cero
dibuja símbolos de agua
que las estrellas persiguen
Miradas que triangulan la noche
persiguiendo rasguños de luz
en los tejados
Un niño duerme con sus ojos
abiertos y la primavera
en el pecho
Es el marzo de las rosas en la piel
y el otoño en los bolsillos
No es el tiempo de los ojos
en las manos
Pero alguien llenó de agua
las pupilas y de algodón
las sonrisas
Atentas a la curva de la herida
las líneas de la historia
dilatan un punto final
más allá de los cuerpos
esconden los signos trágicos
en la comisura del espejo
mientras la mañana blanca
se desangra por dentro
y es abril
y aún llueve.
Fondo Profundo

No se siente el calor de las manos
Solo se oye la suave caricia de sus dedos
Como brisas de agosto
Sobre altos campanarios.
Dedos acostumbrados al vaivén de las formas
Uñas diestras en el arte de arrancar sombras
Pases mágicos que conjuran
La vendimia de los cuerpos
Y de nuevo una voz que se estrangula
Mientras los pájaros vuelan
Y sus alas se desnudan.
... de Pistolas y Rosas (Capítulo 10)
Cárcel El Buen Pastor.
Celda 801 Capacidad: 2
Número de camarotes: 1
Baños: 1
Juego de sábanas limpias: 2
domingo, 23 de enero de 2005
Siluetas Láncidas
Hay algo en los ojos retratados
Como un diamante haciendo cáncer de pupila
Veo manos como palomas desnutridas
Luego de perseguir cometas por cien años
También hay pechos desnudos engañando a la muerte
con sus trazos de azogue como mapas de Carnaugh
Persigo las letras que dan brincos de pistola
Buscando los nombres adecuados del olvido
Hallando bajo grandes titulares
Fugadas líneas de sangre que le dibujan autopistas
al herido corazón de la mañana
Cosido a tiros a su piel alcanzo a recoger un geranio
Pienso que llueve y hace frío
aunque no haya misa por los muertos.
MARZO 2003 D. de C.
encendiendo el fósforo de su voz
contra la nochE
Al paso de las moscas
tan solo una línea gris
tejiendo el vientO
Rememorando en despedida
Fuente: Fotos de Facebook Carlos Mantilla y Odilio Blanco fueron compañeros de colegio y, para nuestro dolor e infortunio, víctimas mortales...

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Antes de abandonar la ciudad, en busca de la primer ciudad Maya, sabía que las cosas no iban a terminar tal como estaba planeado. Mient...
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“Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñando”. Las Ruinas Circulares...
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La ira dirigida impone nuevo rumbo al dibujo. Una línea roja escapa de la paleta al lienzo. Los diarios infieren asuntos pasionales. Es prof...